Los doce años de la Infanta

El lunes, la infanta Sofía cumple 12 años con los que entra en la adolescencia. Como le sucedió a su hermana Leonor, un año mayor, pero que, con su espigada silueta, le saca media cabeza, según la compañera Consuelo Font. Desde su nacimiento ocupa el segundo lugar en la línea de una hipotética sucesión al trono de España.

Estos días y a propósito del cumpleaños de Sofía, a Federico Jiménez no se le ha ocurrido otra cosa que comparar a su hermana con Isabel de Portugal, “la reina más guapa de la Historia”. Se olvida el compañero de Victoria Eugenia, quien conservó su belleza hasta la hora de su muerte. Lo pude comprobar, personalmente, durante la entrevista que me concedió un mes antes de fallecer en el exilio suizo de Lausanna.

Y volviendo a las nenas de Letizia, diría que diagnosticar sobre el físico de Leonor y de su hermana Sofía es gratuito. A estas edades, están en plena transformación, en constante evolución.

Si observamos sus imágenes, descubriremos que la Infanta se está convirtiendo en la niña bonita que no era. Como le sucedió a su abuelo don Juan Carlos. Cuando nació, su padre, el conde de Barcelona, se encontraba de cacería. Cuando regresó y acudió al hospital donde doña María había dado a luz, al ver a su hijo no pudo de por menos que exclamar: “¡Qué feo es!”. Luego se convertiría en un niño muy guapo, guapísimo.

Sofía ha sido, durante algunos años, comparándola con su hermana, una niña feúcha. Más Rocasolano que Borbón. Pero como suele suceder, Sofía se está convirtiendo, como su prima Victoria Federica, la hija de la infanta Elena y Jaime Marichalar, en una adolescente muy bonita. ¡Tiempo al tiempo!

Hoy por hoy y como destaca la compañera, es más alegre, desinhibida, osada y normal que su hermana a quien su madre, criándola a imagen y semejanza, la está convirtiendo en una niña que se cree ya lo que, todavía no es, por más que su padre le concediera el Toisón de Oro. ¡Pero si solo tiene trece años!

Cierto es que alguna prensa cortesana también está colaborando a esta deformación, publicando, sin pudor, que “Leonor será una buena reina”. Lo correcto y normal seria preguntar si lo será algún día.

P.D.

Alfonso A., mi estimado y fiel seguidor de esta columna se sorprende de la presencia de los Reyes Eméritos y sus hijas Elena y Cristina en el estadio “Gudrun- Pausewang -Halle en Hannover (Alemania) donde el hijo de Iñaki Urdangarin y la Infanta disputaba un partido de balonmano, el día de las elecciones. Lo considera un despropósito, una vergüenza, una provocación”. Siento contradecirle. Según el articulo 56 del Título II de la Constitución de 1978, el Rey y los miembros mas destacados de la Familia Real nunca ha votado convocatorias partidistas. Por una razón: el Rey, como Jefe del Estado, es símbolo de su unidad y permanencia, árbitro y moderador. Tanto Juan Carlos I como Felipe VI, Doña Sofía y las Infantas, solo han ejercido su derecho a voto en referéndum como la Ley de Reforma Política de 1976, la rectificación de la Constitución de 1978, la permanencia de España en la OTAN en 1986 y la aprobación de la Constitución Europea.

También critica la presencia del Rey Emérito y su hija la infanta Elena en las corridas de toros. Según él, “hiere la sensibilidad” de muchos españoles.
José Ignacio, otro lector, le contesta, muy acertadamente: “¿No tiene derecho, como los demás a disfrutar de sus aficiones?”.

Yo le recordaría a Alfonso A. las palabras de Camilo José Cela quien, por boca de don Oliverio de los Galanes en el “Nuevo Viaje a la Alcarria”, hablando del tema taurino “lo que se, demasiada razón no tiene nadie. Tampoco los anti taurinos”. Me gustaría recordaros que, gracias a la reina Victoria Eugenia, los caballos de los picadores llevan petos. Lo exigió después de que, en la primera corrida a la que asistió con motivo de su boda con el rey Alfonso XIII, vio, con horror, como un toro destripaba a cuatro caballos, cuatro. Desde aquel día, no dejó de acompañar al Rey, gran aficionado, pero, para no sufrir, dada su sensibilidad con los animales, solía ponerse unas gafas totalmente ahumadas. Solo aplaudía cuando oía aplaudir. Me lo contó en la mencionada entrevista, la reina Victoria Eugenia, en Lausanne.