La consorte hizo esperar al futuro rey de Inglaterra

A pesar de que la periodista mas cortesana haya escrito que “Doña Letizia siempre ha llegado con puntualidad británica a los actos oficiales y cuando ha habido tráfico siempre ha salido con antelación suficiente para llegar a tiempo”, en esta ocasión, mas bien fue que no ………

Todavía las hay más cortesanas, como esa compañera, perdón por llamarla compañera, que se ha extrañado que el príncipe Carlos no le hiciera “la reverencia”. Te olvidas, guapa, que un hombre nunca lo hace. Lo más, una leve inclinación de cabeza y besar la mano y no como ha hecho el presidente de la Junta de mi Andalucía, Juanma Moreno Bonilla, inclinando la cerviz a Felipe. ¿En que mundo vives, querida?

Los organizadores de la inauguración de la Exposición de Sorolla, en la National Gallery, habían fijado para las 18,15 la llegada de Letizia. A esa hora, el príncipe Carlos, heredero de la reina Isabel, ya se encontraba esperando. Pero la española no apareció hasta las 18.30. ¡Nada menos que … 15 minutos de retraso al futuro rey de Inglaterra!

En el Reino Unido nadie ha olvidado los cinco minutos de retraso con que Su Majestad la reina Isabel llegó el 15 de noviembre de 1977 al bautizo de su primer nieto.

Ítem mas: la demora de dos minutos de Michael Bates, ministro de Desarrollo Internacional, en llegar al Parlamento, impidiendo que este contestara a una pregunta de una diputada laborista, no solo se disculpó por la descortesía sino que aseguró estar dispuesto a poner su cargo a disposición de la Primer Ministra, Theresa May.

En esto de la falta de puntualidad es en lo único que la inefable Letizia se parece a su suegra la reina Sofía. Sus peleas con el rey Juan Carlos, cuando aún convivían mas o menos, eran, según contaba don Juan Carlos, entre otros muchos motivos, por culpa de la falta de puntualidad de ella.

Llegó a ser tal que, en cierta ocasión en la que se celebraba un acto religioso en la capilla del Palacio de La Zarzuela en memoria del Conde de Barcelona, le pidió, le rogó, le suplicó que, aunque solo fuera por una vez, por un día, fuera puntual, y procurara no retrasarse.

Doña Sofía que tiene un cáustico sentido del humor, se lo tomó tan a pie de la letra que decidió darle una lección. Media hora antes de la fijada para la ceremonia religiosa, se presentó en el despacho de don Juan Carlos, vestida y arreglada de pies a cabeza, incluso con el bolso colgado del brazo, como la prima Lilibeth: “Juanito, yo ya estoy”, le dijo provocadoramente. “ Si no lo veo, no lo creo”, le respondió el rey sorprendido.

Felipe y Letizia también han sido impuntuales. Durante la visita oficial a los Estados Unidos, en noviembre de 2013, demostraron no solo que respetar el horario no se encuentra entre sus virtudes sino que es una imperdonable falta de respeto y de educación.

Un centenar de invitados a la cena que James Costos, el embajador de los Estados Unidos en España en la época de Obama, y su marido les ofrecían, tuvieron que esperar en la mansión de Beverly Hills, no 5 ni 10 ni 20 ni 30 minutos sino … una hora. Algunos invitados, con toda la razón, se marcharon indignados.

La misma falta de respeto y descortesía demostraron tener hacia el Jefe del Estado Español, Felipe VI, los presidentes de España, el impresentable Pedro Sánchez y de Francia, Emmanuel Macron, llegando 1 hora y 15 minutos mas tarde a la cena de gala que Felipe ofrecía en el Palacio Real, el 26 de julio de 2018.

Esto ni tiene justificación ni se puede tomar a chanza como hizo Macron, bromeando con el rey, a propósito de ese retraso: “Se nos ha alargado la reunión. Al final cenaremos a la hora española”.

Pienso que tanta o mas culpa que el francés la tuvo Sánchez. Con este gesto de mala educación quiso demostrar a Macron quien mandaba en España.

Lo que nadie entendió es que, a pesar de esta humillación que suponía el retraso, no solo no se marchara ningún invitado, desagradablemente sorprendidos por esta falta de educación, sino que, inexplicablemente y perdiendo toda la dignidad, Felipe bajó los 72 escalones de las escalera del Palacio Real para recibirles en el zaguán. Con este gesto que ni Macron ni Sánchez se merecían, Felipe me pareció … menos rey. Una persona buena sin esfuerzo pero un pobre hombre. Esta pareja de impresentables se merecían que el real anfitrión hubiera dicho a sus invitados: “Que sirvan la cena”.

Tal cosa no habría hecho nunca el gran rey Juan Carlos. Ni pare recibir a su prima, la reina de Inglaterra. Mucho menos lo hubiera hecho para recibir al gabacho.