¡Atención! La Princesa desmiente y amenaza

La pasada semana, la revista Hola de mis amores y mis dolores recogía, en su portada, la siguiente noticia: “Carlota rompe su compromiso con Dimitri a los dos meses de nacer su hijo” .

En el interior del número dedicaba, nada menos, que seis paginas al tema, bajo el titulo de “Carlota Casiraghi, la princesa que no encuentra su final feliz…”.

Con la revista todavía en los quioscos, los protagonistas de esta noticia, hacían público un amenazante y confuso comunicado mal redactado en los siguientes términos:
“La señorita Carlota Casiraghi y el señor Dimitri Rassam, acosados por los periódicos, hacen una negación formal de cualquier rumor de separación sin fundamento que circule sobre ellos. La información, cínica y falsa, es simple: crear conflicto de una situación que ni es ni jamás ha sido, con la intensidad y rentabilidad, porque el anuncio de una separación es siempre una buena motivación para comprar. Dada la nocividad de este rumor para ellos mismos, sus hijos menores y sus seres queridos acordaron pedirle a su abogado que inicie cualquier procedimiento legal”.

Mabel Galaz, la compañera de El País, escribía a propósito de Carlota Casiraghi que “en los cuentos de princesas, la historia suele acabar con un final de esos en el que los protagonistas se casan y son felices para siempre”.

En la historia de la familia de Mónaco que yo conocí y traté, ni Carolina, ni Estefanía fueron nunca felices. Ni aun habiéndolo intentado, casándose tres veces, la primera y dos, la segunda. Lo de Carlota, con todos los antecedentes que voy a ofrecer esta por ver.

En el Principado se habló siempre de “la maldición de los Grimaldi”. Maldición o ¿genética? Porque la vida sentimental de Carlota, la tercera de los hijos que Carolina tuvo con Stephano Casiraghi, ha comenzado a seguir los pasos de su madre. Mientras ésta, a los 30 años ya se había casado dos veces y era madre de tres hijos, Carlota, con 32 años, ya ha sufrido seis historias de amor y dos hijos de padres diferentes. El último con el cineasta Dimitri Rassan, padre de su segundo hijo nacido tan solo hace dos meses y autor junto a Carlota del comunicado conjunto recogido al comienzo de este articulo.

En la historia de las seis aventuras en la vida sentimental de la apasionada e inestable muchacha ha habido hombres de seis nacionalidades diferentes empezando por el alemán conde Hubertus Herring von Frankenedorf, cuando solo contaba…16 años. La pasión le duró de 2002 a 2004, sustituyéndole, sin pausa, por el financiero belga Felix Winckler, con quien convivió tres años. Exactamente de 2004 a 2007. Ese año, se enamora de un iraní, Alexander Dellet. La relación duró … cinco años. Hasta que se queda embarazada del humorista franco marroquí Gad Elamaleh, padre de su primer hijo, Raphael.

Como le sucedió a su madre, en la vida de Carlota también ha habido un cineasta. En aquella ocasión fue el actor Vicent Lindon, de quien se enamoró cuando todavía vivía su esposo, Stephano Casiraghi, el padre de Carlota. En esta, el director de cine el italiano Lamberto Sanfelice, de 2015 a 2016 y el productor Dimitri Rassen, ya citado, padre de su segundo hijo y cuya falsa ruptura sorprendió porque ya se barajaba fecha de boda.

Lo que no existe la menor duda es que si Carolina arruinó la vida de su madre, la princesa Grace, Carlota lo está haciendo con la vida de su madre quien, a sus 61 años, creyó haber encontrado la paz amorosa camino de la senectud sin preocuparse de la vida amorosa de quien todavía es su marido, el príncipe Ernesto de Hannover, de 64 años. Al parecer, ninguno de los dos está interesado en el divorcio. Después de diez años separados de hecho pero no de derecho, a él le tiene sin cuidado. A ella no tanto ya que de divorciarse perdería el titulo de princesa de Hannover y el tratamiento de alteza real que sigue ostentando. Pienso que el nombre de Carolina de Mónaco esta por encima de cualquier titulo. Pero ¡vaya usted a saber!

Han pasado ya … 63 años de la primera vez que puse los pies en Mónaco con motivo de la boda de Grace y Rainiero, los padres y abuelos de nuestros protagonistas.

Analizando lo que en estos años ha pasado en la familia, escándalos, tragedias y fracasos, sorprende comprobar que todo sigue igual. Pocas en el mundo deben de tener una maldición tan grande como la de esta dinastía.

Según la leyenda, en el siglo XIX, el príncipe Rainiero I dejó plantada a una amante que era gitana. Al marcharse del Principado lanzó la siguiente maldición: “¡Ningún Grimaldi hallará la felicidad en el matrimonio”!.

Esperemos que Carlota y Dimitri Rassam rompan con este maleficio y que el comunicado no solo sea un intento para marcar las distancias con lo que aparece en las revistas del corazón.