Un falcon también para Felipe y Letizia

“La inaceptable opacidad de Sánchez”, titulaba su editorial el diario ABC del pasado 2 de enero. Si somos justos, también se podía aplicar al Jefe del Estado, Felipe VI, cuya transparencia prometida el día que se convirtió en quien es hoy, después de la todavía inexplicable abdicación de su padre, el rey Juan Carlos.

Durante todos estas fiestas, no hemos dejado de criticar, y me incluyo, las vacaciones navideñas de Pedro Sánchez y familia. Que si los palacios de “Las Marismillas”, en Doñana y “La Mareta”, en Lanzarote. Que si el Falcón. Que si el helicóptero. Que si el Audi para pasear por la preciosa isla canaria, que diría mi querida amiga y compañera Cristina. Todo transparente menos los dineros, el gasto total y no esos ridículos 282, 92 euros del avión.

Pero de las largas y polémicas vacaciones de Felipe Letizia y las nenas, las más largas de todas las navidades, ya que han durado nada menos que… diecisiete días en un destino desconocido, nadie pregunta.

Es como si la Familia Real estuviera protegida por la cortesana bula del secreto de Estado, mientras leña a la familia presidencial que son plebeyos. Pues va a ser que no.

Tanto el Jefe del Estado como el Presidente del Gobierno han antepuesto el capricho de sus respectivas devociones familiares a sus altísimas obligaciones, protagonizando una dejadez de sus respectivos trabajos institucionales, con motivo de la toma de posesión de Bolsonaro, el nuevo Presidente de Brasil, uno de los grandes países del mundo, en el que las mas importantes empresas españoles tienen intereses.

Como Felipe y Pedro estaban de vacaciones, hubo que recurrir, para ser representados en el solemne acto de jura, a la Presidenta del Congreso, Ana Pastor, una dignísima representación tanto a nivel institucional como personal ya que se trata de la tercera del Estado. Pero eso, queridos, no ha estado nada bien y se os ha visto, a los dos, el plumero, por aquello de que el nuevo mandatario brasileño es más que de derechas. Sin embargo, si lo hizo Felipe, el pasado noviembre, a la investidura del Presidente de México, López Obrador, muy, muy de izquierdas.

Estos días se ha atacado más que criticado a Pedro Sánchez por el uso y disfrute del “Falcon” de las Fuerzas Aéreas Españolas. No solo para viajar a Castellón a un concierto sino para hacerlo a Cádiz y a Canarias para las vacaciones familiares. Y helicóptero para asistir a la boda de su cuñado. Todo ello, también secreto de Estado.

Hoy sabemos que, a las ocho de la mañana del 26 de diciembre, Felipe, Letizia y las dos nenas, acompañados de un numeroso séquito de seguridad, embarcaron, en el aeródromo madrileño de Cuatro Vientos, a uno de los Falcon a su servicio, para iniciar sus vacaciones navideñas, lejos de España, con destino que La Zarzuela no ha querido revelar.

Según ellos, se trata de un viaje privado, ignorando que la Familia Real no tiene vida privada. Sobre todo si, al igual que el Presidente Sánchez, estos viajes, estas vacaciones, se realizan con dinero público.

Casualmente y coincidiendo con estos viajes pagados por el Estado, dos importantísimas personalidades extranjeras, han dado ejemplo a Felipe y a Sánchez como hay que comportarse cuando las vacaciones, los viajes son privados: Michael Higgins, presidente de Irlanda y Mario Draghi, el súper poderoso presidente del Banco Central Europeo.

El primero viajó a Canarias para disfrutar de sus vacaciones navideñas privada en un vuelo ‘low cost’ de 100 euros de la compañía irlandesa Ryanair. El segundo, no en el avión privado a su disposición sino acomodado en un asiento de un vuelo en la clase económica. La fotografía, tomada por un pasajero, se ha hecho viral en todas las redes sociales.

“Esta es la clase de dirigentes que necesitamos”, han declarado quienes le vieron. Lo mismo sucedió con el vicepresidente del Gobierno italiano, Luigi Di Mario, quien recientemente realizó un viaje a la lejana China en clase económica con Alitalia, la compañía bandera de su país, negándose a ocupar un asiento en bussines que el comandante del avión le ofreció. “Si no fuera quien soy, lo aceptaría pero como vicepresidente del gobierno, no puedo”.

Nada que ver estos tres ejemplos con la prepotencia, la arrogancia, la falta de sensibilidad y sentido común de quienes como Felipe y familia o Pedro Sánchez y la suya se creen estar por encima del resto de los ciudadanos que les pagamos.

Y, a propósito del coste de una hora en los citados Falcón 900 utilizado por el Jefe del Estado y el Presidente del Gobierno español, no es de 282.92 euros sino de 9000. Este coste se hizo público cuando Matteo Renzi, ex primer ministro italiano, utilizó, estando en el cargo, un Falcon en 2015 para viajar con su familia de vacaciones, como ha hecho Felipe estos días, como ha hecho Sánchez.

En el Parlamento italiano se preguntó al Gobierno acerca del viaje para las arcas públicas. Renzi intentó justificar el vuelo en el Falcon como hizo Sánchez y como hace la Zarzuela: “La elección no ha sido mía sino por el protocolo de seguridad”. Ese protocolo que, según el Presidente del Gobierno español, cuesta esos 282.92 euros. La explicación no fue aceptada aunque Renzi explicó que se había alojado en una residencia militar pagando de su bolsillo su estancia y la de su familia.

¿Quieren más ejemplos de políticos honestos no como los que tenemos en España? Aquí van resumidos unos cuantos ejemplos: Enrico Letta, el antecesor de Renzi y según Ángel Gómez Fuentes, el acreditado corresponsal de ABC en Roma, “demostró siempre su austeridad en el uso de los medios públicos” que tan “generosamente disponen Felipe y Sanchez”.

“En la navidad de 2013, viajó con su mujer y sus tres hijos en un vuelo de línea regular de Alitalia, como un ciudadano cualquiera y en el lugar de destino alquiló un Peugeot a nombre de su esposa. Todo salió de su bolsillo”.

Y el exprimer ministro británico, David Camerón, utilizaba vuelos ‘low cost’ para viajar de vacaciones con su esposa a Ibiza. Angela Merkel suele pagar su billete y los del séquito de su bolsillo, poniéndose a la cola en los aeropuertos como todos los ciudadanos.

“A ningún mandatario de un país europeo, salvo que, (como Felipe y Sánchez, digo yo), esté ofuscado por su ego y arrogancia, se le ocurriría ir de vacaciones en un vuelo y residencia pagados por el Estado y, encima, acabar, aunque sea involuntariamente (¿ó ha sido idea de Iván Redondo?) en una fotografía tomando el sol en la playa a pie de residencia”.