Y abandonaron el barco que se hundía

La ultima cacería del franquismo, a la que hemos dedicado las dos anteriores crónicas, coincidió con el primer comunicado oficial de la Casa Civil del Jefe del Estado dando cuenta, en la madrugada de ese 23 de octubre de 1975, de la primera insuficiencia coronaria aguda sufrida por Franco “con la que se iniciaba la inexorable e irreversible cuenta atrás que llegaría a cero treinta días después”, como yo recogía en mi crónica anterior.

Ese día, el pánico no solo se apoderó del marques de Villaverde sino de todos los invitados, franquistas pata negra, quienes con nerviosas y angustiosas llamadas telefónicas a mi despacho, dejaron bien patentes que eran los primeros en abandonar el barco que se hundía sin remedio.

Fue por medio de uno de ellos, Eduardo Barreiros, que tuve conocimiento de la gravísima situación de Franco, cuando me disponía a montar el gran reportaje de la que seria la ultima reunión cinegética del franquismo.

– Te llamo para pedirte un favor.

– Tu dirás, Eduardo.

– Que no menciones en el reportaje ni mi nombre ni publiques mi       fotografía.

– Pero si tu eras el anfitrión…

– Ni aun así. te lo agradeceré mucho…

– Hecho – le contesté tranquilizándole.

– Pero ¿ me puedes explicar el motivo ?

– ¿ Es que no te has enterado ?

– ¿ De que? – le respondí.

– A Franco le ha dado esta madrugada un infarto agudo y esta gravísimo.

Quise entenderle y quité su nombre del reportaje y las fotografías en las que aparecía como el anfitrión que era.

No habían transcurrido quince minutos, cuando otro de los invitados asistentes a la cacería, el todopoderoso Arburúa me llamó por teléfono por el mismo motivo y la misma petición. No hubo manera de convencerle.

– No me jodas publicando mi nombre. No está bien que si Franco se muere estos días yo aparezca en el Hola divirtiéndome en una cacería.

Borré su nombra y eliminé la fotografía.

El tercero fue Alfonso Fierro, que abusó de la amistad que teníamos para presionarme:

– Centra tu reportaje en el doctor Barnard y su esposa Barbra que es muy guapa.

La exclusiva periodística de la ultima cacería del franquismo se me iba reduciendo como cabeza de jíbaro o como un bonsai.

El reportaje sobre la ultima cacería del franquismo se publicó, como puede verse en las hemerotecas, con fecha de 1 de noviembre de 1975. En el aparece , tan solo, el doctor Christian Barnard y su esposa.

En algunas de las trece fotografías , el cirujano y Barbra posan ante docenas de perdices y faisanes, cuando, en realidad, el cirujano, que era la primera vez que disparaba una escopeta, no logró abatir…ni una. Su esposa ni lo intentó.

Aquellos eran los trofeos de quienes, ante la noticia de que Franco se moría, tirar, lo que dice tirar, tiraron pero escondieron la mano.

¡Que gran película hubiera sido si Luis Berlanga hubiese contactado conmigo antes de dirigir “La escopeta nacional” que se hubiera titulado  “La ultima cacería del franquismo”.