El pánico se apoderó de los cazadores

En la columna del pasado lunes sobre la “casposa” afición española de  la caza, recordaba lo que fue “la ultima cacería del franquismo” como testigo de ella, este columnista, cuando el general había empezado a morir precisamente … ese día.

La preocupación, el miedo ó el terror por lo que pudiera suceder con la desaparición de Franco, se puso de manifiesto incluso con la actitud del marqués de Villaverde.

Nunca he olvidado cuando, en un descanso de la jornada de caza en la finca de Eduardo Barreiros, el yernísimo y responsable del “equipo médico habitual” que atendía a Generelísimo, arrebató el fusil ametrallador a uno de los guardias civiles de escolta -¡cualquiera se negaba!- y comenzó a disparar, con el “naranjero”, como un loco, contra un blanco invisible, al menos para mi.

Con ser la escena sorprendente, inquietante y grave, mucho mas fueron las palabras con las que acompañaba la acción: “¡Hay que estar preparado para el cambio!”.

El silencio de los cazadores presentes en este escena no era menos inquietante. Al menos para el periodista que se atrevió a preguntar a la marquesa sobre el estado de salud de su padre:

– Estamos muy preocupados. Aunque se negaba,  al final no ha tenido mas remedio que guardar cama. Veremos como evoluciona.

A la caída de la tarde, regresamos a Madrid sin que nadie hiciera el menor comentario pero  la preocupación de reflejaba en los rostros de todos los cazadores.

Aquella madrugada, Franco sufrió la primera insuficiencia coronaria aguda con la que se iniciaba la inexorable e irreversible cuenta atrás que llegaría a  cero el 20 de noviembre, exactamente treinta días después y que obligaría a hacer publico el primer comunicado oficial de la Casa Civil de Su Excelencia el Jefe del Estado, dando cuenta al país de la grave situación.

¿Qué había pasado aquella dramática madrugada tras la que todos los cazadores presentes en aquella cacería me pidieron no figurar en el reportaje de Hola?

La respuesta, la próxima semana: “Cuando todos se prestaban a abandonar el barco que se hundía”. ¡Sálvese quien pueda!