Estrechando la mano de tiranos y dictadores

El saludo del príncipe Heredero saudí, Mohamed bin Salman, el del asesinato del periodista Jamal Kashoggi, al rey don Juan Carlos en la zona de autoridades del Mundial de Formula 1, en Abu Dhabi, el pasado 25 de noviembre, ha ocupado la atención de toda la prensa española. También de políticos. Y no precisamente con comentarios benévolos.

Para Podemos: “Es muy grave que la imagen internacional de España quede dañada por este encuentro”. Y para Ciudadanos, “no era el momento de que se produjera ese encuentro ni esa foto”.

Pablo Iglesias iba mucho mas lejos, asegurando que “Don Juan Carlos vuelve a ensuciar la imagen de España con sus amistades peligrosas”. Y aprovechando que “el Pisuerga pasa por Valladolid”, la portavoz de Podemos, Lole Belarra, afirmaba que “el Rey Emérito debe dar explicaciones en el Congreso sobre sus negocios privados”.

Almudena Martínez Fornés de ABC, aunque puntualizaba que “el Rey padre no pudo evitar que el heredero saudí se acercara a él para saludarle y hacerse una foto”, añadía injustamente que “Don Juan Carlos se ha convertido en un nuevo motivo de critica y cuya imagen no logra recuperarse tras sucesivos incidentes”.

Eduardo Álvarez, admirado compañero de El Mundo, en un apunte a la fotografía escribe “¡Cuánto daño hace a la Corona. A veces pareciera que Juan Carlos I está empeñado en manchar de forma indeleble la biografía del buen Rey que fue”. ¡Tampoco es eso, querido!

La compañera Rosa Belmonte, también de ABC, en su columna en la página de “Opinión”, escribe que “La foto de don Juan Carlos ni mejora la imagen del heredero saudí, que la buscó para hacerse su propia publicidad, ni empeora la del anterior Monarca español. Pero hace un ruido inoportuno…”.

Marisol Hernández, en su crónica de El Mundo, recoge las palabras de La Zarzuela precisando que “fue un saludo estrictamente protocolario sin trascendencia institucional”.

Este periodista ha acompañado al rey Don Juan Carlos en más de cien viajes por todo el mundo. En todos ellos he sido testigo de verle estrechar las manos de los tiranos y dictadores más grandes, algunos de ellos incluso sanguinarios.

Pero, eso sí, dejando bien claro que no visitaba gobiernos sino pueblos, países. Siempre dentro de las más elementales reglas institucionales del protocolo.

Como ejemplo de lo anteriormente expuesto les ofrezco a mis queridos lectores, como Alfonso A, Irma Kohl, Yurie Suna, John Laffitte, MadridCarmen, etc. etc., una relación de Jefes de Estado a los que el Rey Juan Carlos se vio obligado a saludar, como al Príncipe Heredero de Arabia Saudí:

En mayo de 1972, al el Emperador de Etiopía, Haile Selassie, (derrocado y muerto en prisión).

En marzo de 1974, a Ferdinand Marcos de Filipinas (derrocado y sometido a proceso).

En varias ocasiones al Shah de Irán (derrocado y muerto en el exilio).

En septiembre de 1977, a Carlos Andrés Pérez de Venezuela (procesado y encarcelado).

En noviembre de 1978, al general Videla (procesado y condenado a cadena perpetua, falleciendo en la cárcel).

En junio de 1978, a Deng Xiao Ping de la república Popular de China.

El 22 de junio de 1978, a Sadam Hussein, vicepresidente del Consejo del Mando de la Revolución (derrocado y asesinado en su huida).

En mayo de 1979. a Sekou Toure de Guinea Conakri.

En 1980, al emir de Kuwait.

En noviembre de 1983, al tirano de Zaire – Congo, Mobutu Sese-Seko. Y también en noviembre de 1983 pero dos días después, con el Presidente de la República Popular del Congo, Denis Sassou Ngiesso.

En mayo de 1984, a Chernenko, de la URSS.

En mayo de 1985, a Nicolai Ceaucesu de Rumania (derrocado y fusilado junto a su esposa).

En octubre de 1989, a Jaruzelsky de Polonia.

Y demás dictadores latinoamericanos, como el Presidente de Honduras, el sanguinario general bananero Juan Alberto Melgar quien, en la visita real en septiembre de 1977, confundió a Doña Sofia con una reina de un concurso de belleza. Desconociendo las más elementales normas de protocolo, no se le ocurrió otra cosa que, tras imponer a la soberana española la banda de una condecoración hondureña, abrazarla con todas sus fuerzas de sus poderosos brazos de forma tan prolongada que sorprendió e incomodó no solo a la propia Reina sino también al Rey.

Y el 14 de noviembre de 1999 a… Fidel Castro.

Después de esta lectura, puede alguien, político o periodista, sorprenderse de que el Rey Emérito haya sido saludado por el príncipe heredero de Arabia Saudí, bajo sospecha de asesinato.