Todo el mundo quiere ser VIP

…. empezando por Pablo Iglesias, un desclasado que, en cuento ha podido, se ha comprado un chalet con jardín y piscina y perrito que les guarde.

¡Y qué decir del “doctor” Sánchez! Un pobre socialista que, cuando se ha visto convertido en Presidente, aunque sea provisional, se comporta de manera ofensiva y ridículamente ostentosa.

Lo demostró con motivo de la Cumbre España-Portugal, celebrada en Valladolid. Les recuerdo que se trata de una ciudad castellana situada a 180 kilómetros de Madrid y a menos de una hora en AVE.

Aunque les cueste creer, el inefable inquilino de Moncloa utilizó un helicóptero y un airbus para él y su Gobierno. ¡Toma ya!

Frente a estos desclasados, Letizia, la consorte real que no suele ser un ejemplo de nada, para reunirse con su marido en Perú, lo hizo en un avión de línea regular de Iberia Madrid-Lima, regresando de la misma democrática y “vulgar” forma.

Cierto es que podía haber utilizado uno de los aparatos a disposición de las altas jerarquías del Estado. Ella lo es. O haber viajado con Felipe en el avión de las Fuerzas Aéreas Españolas.

Pero La Zarzuela, con su habitual “transparencia”, no ha informado cuáles fueron los motivos por los que la pareja real no viajó junta. Otra cosa es que Felipe y su heredera Leonor no lo hagan, que no es el caso.

Pero volviendo al titular de esta crónica que todo el mundo quiere ser… vip, lo comprobé el pasado viernes con motivo de un viaje. Nunca había visto una cola tan larga para acceder a las Salas Vip, en este caso, de la madrileña estación de Atocha abarrotada de viajeros de todo pelaje.

Yo creía que gracias a Sánchez y a Begoña pero, sobre todo, a Pablo Iglesias y a Irene Montero, España se estaba convirtiendo en un país más igualitario. Y que como el señor Presidente declaró “hay que ser humildes” ¿Como él?

Pero en cuanto tenemos la oportunidad de alejarnos de la masa gris y proletaria, nos colamos en las salas vip de las estaciones y de los aeropuertos. Seamos sinceros: ¡qué gusto debe dar viajar en avión privado y no tener que esperar, pero, sobre todo y como hace Pedro y Pablo, mezclarnos con la gente.

¡Qué asco! como diría la colaboradora del programa de Carlos Herrera, María José Navarro.