Cuando murió… ya estaba muerto

Hace unos años participé en una mesa redonda sobre el derecho a la intimidad. La dirigía Ignacio Gordillo, fiscal que fue de la Audiencia Nacional.

En el transcurso del debate, uno de los participantes sacó a colación el tema de las polémicas, terribles y dramáticas fotografías de la agonía y muerte de Franco que yo había publicado en una gran exclusiva.

El impacto emocional que produjo la contemplación de aquellas fotografías en el mundo entero no solo impresionaron a sus partidarios y seguidores sino, incluso, a sus detractores y todos arremetieron contra mí. Incluso Felipe González, que me llamó preguntándome: ¿Tú hubieras publicado estas fotos si hubiera sido tu padre?

Los responsable médicos o a quienes correspondía, habían convertido aquella habitación del Hospital La Paz de Madrid en un siniestro laboratorio, más parecido al del doctor Jekyll, en el que se ensayaban toda clase de maniobras mas que científicas mecánicas. La Medicina había hecho ya todo lo posible e imposible para salvar la vida de Franco.

Hubiera bastado desconectar algunos de los innumerables aparatos de los que pendía la vida vegetativa del enfermo para haber acabado humanamente con aquella agonía que no parecía tener fin y que causó tan desagradable impresión a todo el mundo.

“Si yo hubiera sido entonces juez, te hubiera metido en la cárcel. Violaste lo mas sagrado de un hombre, ya sea dictador, asesino o santo: su derecho a que se respete su agonía, su muerte” – me dijo Gordillo quien, además, era y sigue siendo amigo mío.

Llevaba toda la razón. Pero yo no fui quien prolongó aquella agonía, retrasando su muerte por motivos… políticos: la reelección del Presidente de las Cortes, el franquista Alejandro Rodríguez de Valcárcel.

Con Franco vivo, era mucho más fácil la reelección frente a Torcuato Fernández Miranda, el candidato del entonces príncipe Juan Carlos.

El responsable máximo de aquella cruel prolongación, no de una vida sino de una agonía, fue el marqués de Villaverde, utilizando al “equipo medico habitual” en beneficio de aquellos espureos intereses.
Quienes arremetieron contra mi se olvidaron que yo solo era el  “mensajero”, un periodista que tenía el valor de mostrar al mundo lo que se había hecho con la agonía de un hombre.  Cuando, a las seis y cinco de la mañana, del 20 de noviembre de 1975, el Ministro de Información y Turismo, León Herrera Esteban, informaba al país que a las 5.25 el Jefe del estado había muerto, mentía. Porque cuando Franco “murió” oficialmente a esa hora, hacia ya varios días que… estaba muerto.

Los últimos veinte días de su agonía

Noviembre 1975

Sábado l.- Se reactiva el síndrome hemorrágico digestivo intermitente.
Domingo 2.- Estado estacionario.
Lunes 3.- A las 15.00 horas extrema gravedad, inquietud, palidez, hipotensión, dolor interescapular, signos de insuficiencia coronaria, respiración periódica, hemorragia gástrica incoercible. Intervención quirúrgica a vida o muerte en El Pardo.
Martes 4.- A las 11.15 despierta de la anestesia. Tromboflebitis en arteria  femoral izquierda. Nuevamente ascitis.
Miércoles 5.- Urea.
Jueves 6.- Nuevas hemorragias
Viernes 7.- A las 3.35 nueva operación. Esta vez en La Paz. Extirpación de estómago y descubrimiento de once úlceras sangrantes. Transfusión de cinco litros de sangre.
Sábado 8.- Hemodiálisis con riñón artificial.
Martes 11.- Edema pulmonar.
Miércoles 12.- Nuevas hemorragias, trastorno cardiacos, máxima gravedad.
Jueves 13.- Continúa la extrema gravedad.
Viernes 14.- Tercera operación a vida o muerte. Transfusión de diez litros de sangre.
Sábado 15.- Se mantiene el estado de máxima gravedad.
Domingo 16.- Estacionario.
Lunes 17.- Estacionario.
Martes18.- Madrugada: nuevas e importantes hemorragias digestivas. Situación critica.
Miércoles 19.- Persiste el estado critico; esporádicos trastornos del ritmo cardiaco; respiración controlada bajo sedación. Temperatura corporal 33 grados.
Jueves 20.- A las cinco de la madrugada la enfermedad entraba en su fase final. A las 5.25, fallecía.