Mi amiga Farah y los ochenta reales años de ocho reyes

Los cumpleaños suelen llegar sin ruido, sobre todo, a cierta edad, menos los de los reyes que se entera todo el mundo. Partiendo de la base que el cumpleaños del rey o de la reina es una fecha importante en el reino, en ningún año como en este de 2018 han coincido , nunca, tan gran número de reyes y reinas celebrando el mismo aniversario, tan redondo como los ochenta.

Ochenta años dan para mucho: alegrías y llantos, momentos felices y otros no tan gozosos por no decir desgraciados. Pero, sobre todo, es una buena ocasión para recordar lo vivido.

No todos los reyes festejan igual sus cumpleaños. Algunos, como los de España y por la situación afectiva del matrimonio, no hay nada que celebrar y mejor no recordar. Aunque el 80 cumpleaños de don Juan Carlos se celebró con una comida familiar, en el palacio de La Zarzuela con la ausencia de la infanta Cristina, su marido y sus cuatro hijos.

Lo del 80 cumpleaños de la reina Sofía, el próximo 2 de noviembre, está por ver. Han sucedido muchas cosas y demasiadas humillaciones  para una reparación pública con motivo de su cumpleaños. Pocos motivos tiene para celebraciones: sin contacto con su marido, el alejamiento de su hija Cristina, el encarcelamiento de su yerno Iñaki Urdangarin. Y, por si no fuera suficiente, la relación con su nuera Letizia y sus nietas Leonor y Sofía no es todo lo idílica que cabria esperar, como se demostró en el triste episodio de la catedral de Mallorca, que no se ha logrado borrar con los paripés del verano, simulando ser la familia ideal que no son.

Puede que don Juan Carlos y doña Sofía hagan suyas las palabras de Harald a la hora del brindis: “Miro el número 80 y no puedo creer que tenga algo que ver conmigo. Y, mucho menos con la reina que está increíblemente en forma. Hemos sido bendecidos con una buena salud y una familia maravillosa y amigos leales”.

La reina Beatriz, hoy Princesa de los Países Bajos, celebró su 80 cumpleaños, el 5 de enero, con una cena en el Palacio Real para 800 invitados pero “no hay mejor regalo para mí que hacerlo en compañía de mi familia al completo, hijos y nietos.

La reina Paola que cumplió  80 años el 11 de septiembre del pasado año, los celebró con un concierto en su honor y un cena familiar en la que apagó las velas de un gigantesca tarta, con la ayuda pulmonar de toda su familia, sobre todo de sus nietos.

El rey Simeón, mi amigo de toda la vida y mi vecino en Madrid, decidió celebrar su 80 cumpleaños, el 16 de junio, en Bulgaria. Para ello, se reunió con toda su familia, esposa, hijos y nietos en su Palacio de Sofia, que yo conocí cuando le acompañé a su regreso al país donde no solo había nacido sino del que había sido rey reinante aunque por muy poco tiempo y al que regresó llamado para ser Primer Ministro de República. Pero hoy, yo quiero escribir de mi... Farah.

El mes de octubre está tan presente en la biografía de mi amiga la emperatriz Farah que la ha marcado para siempre. El 14 de este mes de 1938 nacía en Teherán, en el seno de una familia monárquica, de la que era hija única. Este hecho hizo que fuera una niña súper protegida por unos padres que vivían con la constante preocupación de que, cualquier enfermedad, pusiera en peligro su vida.

Se dio la circunstancia de que el padre de Farah era, ¡oh casualidad! Consejero jurídico del ejército de Reza Sha, su futuro yerno. La primera visión de quien, trece años después, sería su marido, data de 1946. Fue el 12 de diciembre de 1946, cuando las tropas rusas evacuaron el país.”

Cuando se supo que el Shah iba a llegar a Teherán, corrimos a la calle para aclamarle ya que  tenía que pasar por la avenida en la que vivíamos. Había allí un garaje a cuyo tejado me subí. Fue una visión deslumbrante para la niña de ocho años que era yo”, me contaría en una de mis primeras entrevistas mas intimas y personales, en el Palacio de Niavaran, la residencia oficial de la familia imperial en Teherán. Este fue casi siempre el lugar de nuestros encuentros, concretamente en su salón privado. Se trataba de una estancia amplia y luminosa, con objetos muy personales, como el retrato que le hizo Andy Warhol y otro de nuestro compatriota Vidal Quadra.

Asimismo,  en el mes de octubre, concretamente el 20, venia al mundo el Sha, el hombre que seria su marido durante 21 años. Exactamente desde el 21 de octubre de 1959, día de su boda en que la conocí hasta el 27 de julio de 1980,  cuando muere en El Cairo y a cuyo entierro asistí.  También, ¡oh triste casualidad!, un 26 de octubre, fallecía, con 69 años, en Paris, la princesa Soraya, la mujer que había sido la antecesora de Farah como esposa del Sha durante 7 años, exactamente desde el 1951 a 1958, cuando entre lágrimas anunció que la repudiaba por no haberle podido dar un heredero.

No todos los octubres de la vida de Farah iban a ser dramáticos. Posiblemente, el de 1958 seria de los mas gozosos de su vida. Porque el 14 de ese mes , mi querida amiga, sería coronada como... Emperatriz de Irán, la primera mujer que lo era en la milenaria historia de la antigua Persia.

Ese día tuve la oportunidad de vivirlo tan directa y personalmente que, años después y al coincidir con Farah, en un vuelo de Amman a París, le contaba a Carmen, mi mujer, que me acompañaba “el susto que me llevé al ver a Jaime en mis habitaciones, cuando me despojaba del manto y de la corona en compañía de mi esposo. Temí que le detuvieran de un momento a otro. Pero me dio por reír, pensando como había tenido la osadía de llegar hasta ahí sin que le detuvieran. No sabes como se las gastaba la policía en aquella época”,  le puntualizó.

Cierto es que yo era uno de los seis periodistas del mundo entero seleccionados por la corte Imperial para ser testigos, en el Salón de los Espejos del fastuoso Palacio Golestan de Teherán. Y allí, a tan solo unos metros, pude ver como mi admirada Farah se arrodillaba a los pies del Sha, cual Josefina anta Napoleón, “para recibir en mi cabeza la Corona de emperatriz. Me pareció que acababa de consagrar a todas las mujeres iraníes”.

Por todo esto y muchísimo mas al internauta no le extrañará la dedicatoria que Farah escribió en el libro que, con gran emoción, me entregó: “Para Jaime Peñafiel, que estas memorias sean un viaje a mi vida que tu conoces y aprecias tanto”.