Juan Carlos y Sofía bailaron como enamorados en las Ópera de Viena

Treinta y dos años después de que Eugenia, la hija de la inolvidable duquesa De Alba, se pusiera de largo y protagonizara su primera baile de debutante en los brazos de Jesús Aguirre, el duque consorte, este pasado sábado lo ha hecho su nieta Cayetana, al cumplir, los 18 años.

Igualmente se ha hablado de Victoria Federica, la bonita hija de la infanta Elena y Jaime Marichalar, que también ha cumplido la misma edad.

Se trata del paso de la adolescencia a la mayoría de edad con la que las jóvenes se convierten en adultos. O, como diría la canción de Julio Iglesias, de niña a mujer.

Esto de la presentación en sociedad con los bailes de debutantes ya no es muy habitual por ser muy elitista y difícilmente aceptables en  sociedades cada vez más democráticas e igualitarias.

Las notas de sociedad en los periódicos de la época sobre estos acontecimientos no podían ser más cursis. En ellas eran habituales términos como “la encantadora señorita de distinguida familia”… que  “vestía por vez primera traje largo”… o  “por primera vez galas de mujer”… “entre los invitados lo más selecto de nuestra aristocracia”…

El más famoso baile de Debutantes ha sido siempre, y lo sigue siendo, el de la Ópera de Viena, donde es obligado que las debutantes vistan traje largo, puro, níveo, con guantes blancos hasta el codo y zapatos del mismo color. Sin joya alguna.

Aunque a ustedes les cueste creer, los reyes don Juan Carlos y doña Sofía danzaron, como dos enamorados  -a lo mejor lo estaban- en el Baile de Debutantes de la Ópera de Viena, el 2 de febrero de 1978. Yo los vi porque estaba allí.

“Por primera vez, al fin, unos reyes de verdad tomaron parte del más importante y tradicional baile”, decía la prensa austriaca. La presencia se debía a una invitación del Presidente de la República de Austria y señora.

Mientras los dos matrimonios cenaban en un palco, las miles de personas que abarrotaban el Palacio de la Ópera se preguntaban si los Reyes de España bailarían. Nunca lo habían hecho reyes algunos desde Francisco José y la Emperatriz Sissi.

Pero una vez hubieran bailado las debutantes, el maestro de ceremonia grito las palabras tradicionales que los austriacos y el mundo esperan año tras año: “¡Alles, waltzer!” ( “¡Todos a bailar!”).

De repente, don Juan Carlos y doña Sofía se levantaron, descendieron a la pista y confundidos con las cientos de parejas y rodeados de bailarines, fotógrafos y agentes de seguridad, bailaron o intentaron bailar como dos enamorados a los sones, no de un vals, sino del más hortera de los pasodobles: “¡Que viva España!”, interpretado por una orquesta bajo la dirección no se lo pierdan,  de… Plácido Domingo.

Nunca, jamás, el tradicional Baile de Debutantes de la Ópera de Viena fue más real y también más…hortera.

– Me habría gustado bailar un vals pero no había manera de moverse”, me confesaría don Juan Carlos.