Contestando a mis lectores

Queridos lectores míos: el periodista no debe ser nunca el hagiógrafo de nadie ni de nada. Yo procuro no serlo aunque algunos lectores, a veces, no lo entiendan.

Es más, cuando alguien, sobre todo el o los protagonistas de mis comentarios me felicitan,  es que … me he equivocado. Porque yo no soy ni el portavoz ni el vocero de nadie. Solo soy un periodista que pretende, en todo momento, ser objetivo. Desde mi independencia.

Pero, estas ultimas semanas, cuando escribo sobre Franco, un personaje que yo conozco muy bien,  varias han sido las criticas negativas cuando no descalificadoras de lectores habituales de esta columna.

Confieso que una parte importante de mi trayectoria profesional se desarrolló durante el franquismo puro y duro. Unas temporadas mas duras que otras pero siempre duras.

Como la inmensa mayoría, por no decir la totalidad de los periodistas que ya lo éramos entonces y lo seguimos siendo, supe amoldarme a la situación política imperante que no era, precisamente, la más cómoda y fácil para ejercer una profesión cuyo imperativo es la libertad. Pero una censura intransigente y cerril no permitía la menor licencia ni el mas involuntario desliz.

Cierto es que yo tenia mi opinión sobre las personas que trataba, estimados Alfonso A., John Lafitte, LaGata, Francisco, Jesus Maria, Angélico, Ignacio, etc. (pseudónimos de mis comunicantes).También de los acontecimientos que se producían y de los que era privilegiado testigo, porque estaba condenado, si quería seguir siendo el periodista que era, a reflejar solo las luces que no las sombras del General y su tropa.

Hoy, desde esta columna y otros artículos y libros, intento con la difusión de anécdotas, recuerdos y testimonios, mas o menos valiosos, que permita a los lectores disponer de la “visión” de un hombre que ya no existe e impedir que se desvanezca con el tiempo la memoria de sus hechos públicos y privados.

Y decido escribir sobre el General y su tropa para evitar algo muy trágico en la vida de un ser humano: olvidar. Porque el olvido, tanto si se trata de recuerdos colectivos como individuales, supone la muerte verdadera del hombre. En este caso Franco que Pedro Sánchez acaba de “resucitar”.

Mariangeles se duele que yo y mis colegas hayamos estado callados en lo relativo a la “vida alegre de don Juan Carlos”. Lo que no es totalmente cierto, al menos por mi parte. De la “dama Gaya” , pasando por Bárbara Rey y Corinna me he ocupado ampliamente. Pero sorprende, estos días, que el Congreso, Anticorrupción y hasta fiscales hayan decidido no investigar al rey emérito por los “escándalos con Corinna” y el juez ha pedido archivar el caso.

Ahora va a resultar que el Congreso, los jueces y los fiscales son más cortesanos que algunos periodistas a los que usted critica.