¿Qué fue de la transparencia en la Casa Real?

Cuando Felipe accedió al trono, por la inexplicable abdicación de su padre el rey Juan Carlos, entre las cosas que prometió en el discurso de proclamación fue ejemplaridad y… transparencia.

La ejemplaridad familiar es discutible. La transparencia no se ha visto por ningún sitio. Y estos días son un ejemplo, un mal ejemplo. No es de recibo que la Casa Real no comunicara que, el sábado 14 del pasado mes de julio, don Felipe ingresaba en la Clínica Rúber Internacional de Madrid, para someterse a una rizolisis,  para aliviar unos molestos dolores de espalda, incapaces de aliviar con masajes e, incluso, con parches analgésicos. Es un tratamiento de radiofrecuencia que bloquean los nervios afectados. Al parecer la “intervención” se realizó bajo anestesia local.

Una vez mas, la falta de transparencia en la Casa Real se pone de manifiesto en un tema que, sin ser grave, exige una explicación. Nada que ver con los misterios de las vacaciones de Felipe y Letizia.

Como suele suceder todos los veranos, la pareja real, después de cumplir institucionalmente con su anfitrión, el Gobierno balear, despachar con el Presidente del gobierno e invitar a las fuerzas vivas de las islas a un cóctel , en el Palacio de La Almudaina, han hecho, una vez más, lo que vienen haciendo desde que Letizia decidió que Mallorca no es un buen lugar para las vacaciones: desaparecer.

Y han desaparecido sin que la Casa Real y, por supuesto ellos, se hayan dignado informar sobre ese paraíso, lejos del “ infierno” de Palma y Marivent que la consorte no soporta.
El operativo de estas vacaciones no es fácil. Sobre todo, para mantener en secreto ese lugar elegido por la inefable consorte.

El pasado año, el dramático atentado de Barcelona les complicó, desgraciadamente, las vacaciones. El gobierno tuvo que enviar un avión adonde se encontraran, dicen que en Sudáfrica o Australia, para que don Felipe pudiera estar presente en la gran manifestación de repulsa en la Plaza de Cataluña.

Letizia volvería en otro avión dos días mas tarde. La Casa Real fue incapaz de informar a la opinión publica.

No vale que La Zarzuela diga que se trata de actividades privadas cuando lo que son, son secretas, de un secretismo ridículo porque la Familia Real no tiene vida privada aunque si íntima. Como cualquier personaje público. Los españoles tienen derecho a saber adonde van y donde se encuentran.

Que acaba sabiéndose. Siempre hay un turista, reconvertido en reportero ocasional, dispuesto a ganarse unos euros cazando a Letizia en bikini en una playa de las islas griegas de las Cícladas del Egeo. Fue durante las vacaciones de septiembre de 2011.

Y lo mas sorprendente e inquietante sucedió en las vacaciones de 2015, donde unos turistas vieron una madrugada, en el aeropuerto de Estambul, a Letizia con sus dos hijas haciendo escala con dirección, al parecer, a Italia. ¿Para despistar? ¡Vaya usted a saber!

Peor las del 2016, en Croacia, competencia directa de las Baleares, donde alquilaron una goleta de lujo “Dolce vite”, por 32.000 euros.

Este verano y después de participar en el montaje de la buena relación familiar entre abuela, nietas y nuera para que la opinión pública olvidara el desagradable incidente de la catedral de Palma, la Familia Real desapareció en busca de ese paraíso que no encuentran en Mallorca. A pesar de que Felipe reconociera, públicamente, hace unos años, que se trataba de “un pedazo de cielo en la Tierra”.

Me imagino que el homenaje a las victimas del atentado de Barcelona, obligará a Felipe y Letizia a interrumpir sus vacaciones para estar presentes,  el próximo viernes 17, en la Plaza de Cataluña. Pero no se preocupen, las retomarán al día siguiente. Son servidumbres y cargas del…  cargo.