La verdad de Felipe y la verdad de José Cusi

Mi estimada Letizia me recomendó, en mi primer “encuentro-desencuentro” que, antes de escribir o hablar, llamara, primero, a La Zarzuela. “Es adonde no hay que telefonear nunca”, recuerdo le dije.

Confieso que ella podía tener razón. Posiblemente, se estaba refiriendo a los comunicados oficiales de los departamentos de prensa de la Casa Real.

Aunque hoy, el responsable de eso que se llama Relaciones con los Medios de Comunicación es Jordi Gutiérrez, un buen profesional amigo mío y en cuya designación Letizia tuvo la última palabra, no suelo utilizar sus comunicados.

Tampoco los de la Moncloa o los de los Jefes de Prensa de los Ministerios. Prefiero buscarme la vida profesional por otras fuentes.

Un triste ejemplo de lo que digo lo tenemos en los comunicados y declaraciones estos días de la Casa Real y el propio Jefe de la Familia, con motivo de las polémicas declaraciones de Corinna, que en tan mal lugar ha dejado el prestigio y la dignidad de Don Juan Carlos.

Las consecuencias inmediatas no tardaron en producirse. La primera de ellas, la cancelación del viaje oficial del Rey Emérito a Colombia, para representar a España, al Jefe del Estado y al Gobierno en los actos de la toma de posesión del nuevo Presidente. La Moncloa los justificó “por error”. La Zarzuela, por enfermedad.

También recurrió Felipe a esta circunstancia ante los periodistas en Palma de Mallorca para “explicar” la ausencia, este verano, de su padre cuando no solo se había anunciado que participaría junto a él en La Copa de Mapfre, sino que en el pantalán se encontraba ya el “Bribón” de don Juan Carlos (con perdón), adaptado a sus condiciones físicas: “Está fastidiado porque tenía muchas ganas de venir pero los médicos le han recomendado no moverse mucho”.

La Casa Real emitió un comunicado en el que atribuía la renuncia a una lesión en la muñeca y a la rehabilitación a la que debe someterse.

Hay cosas que, con azúcar, están peor. Mejor dejarlo. ¿Por qué la Casa Real y hasta La Moncloa ahora, muy monárquica, intentan explicar con mentiras cuando la verdad es muy otra?

Felipe, tu palabra no es palabra de Rey porque lo que cuenta José Cusi, el armador del “Bribón” y muy amigo de don Juan Carlos a LOC y que lo recogió la compañera María Eugenia Yagüe en sus “Susurros” a voces, es completamente diferente:

“Hemos decidido no ir a Palma porque nos preparaban una manifestación y protestas. Es muy desagradable. Teníamos muchísima ilusión por volver a competir pero hay mal ambiente y, ante una situación así, hay que olvidar las ilusiones. A Sanxenxo, tampoco vamos”. ¡Más claro…!

Lo que molesta es que Felipe tome a la prensa y a los españoles por tontos y mienta con tanto descaro. Todo el mundo sabe por lo que debe estar pasando.

Y aunque el Gobierno de Sánchez haya declarado, cínicamente, que el asunto de Corinna no afecta al Rey, deberían tener la humildad y valentía de reconocer que a Felipe le afecta y mucho como hijo, como Jefe de la Familia y como Jefe del Estado. Si no le doliera y avergonzara, no sería ni buen hijo, ni un buen Jefe de la Familia, ni un Jefe del Estado responsable.

Siempre he dicho que Felipe es una buena persona sin esfuerzo, pero también un pobre hombre a quien la familia, “ese lugar de todos los vicios de la sociedad, el retiro de las mujeres que gustan de su bienestar mirando para otro lado, el presidio del padre de familia y el infierno de los hijos”, que decía August Strindberg, escritor y dramaturgo sueco, pueden, si no arruinarle, si complicarle la vida. Se la complica su mujer, se la complica su heredera, se la complica su madre pero sobre todo… su padre.

“Todos los hombres quieren, alguna vez, la muerte del padre, no lo digo yo, ¡Dios me libre!, lo decía Dostoievski.