¿Han empezado ya las represalias?

El pasado sábado 21 de este mes de julio y según fuentes oficiales reconocían haber publicado “por error” un Real Decreto de Presidencia del Gobierno, en el que conferían a don Juan Carlos “la representación de España” en los actos de la toma de posesión del presidente de Colombia.

Como ha venido haciendo desde que abdicó y su hijo se convirtió en Jefe del Estado.

En enero de 2016 viajó a Guatemala para asistir a la investidura del Presidente Morales. Desde ese día no ha parado de representar a España, al Rey y al Gobierno. El 30 de abril, viajó a Suecia con doña Sofía para sustituir a su hijo en el cumpleaños del rey Carlos Gustavo.

El 26 de junio, representó a España en la inauguración del nuevo Canal de Panamá. Y el 9 de julio asistió en Tucumán a la celebración del Bicentenario de la Independencia argentina. Y dentro de unas semanas, exactamente el 15 de agosto, tendría que estar en la República Dominicana donde Danilo Medina será investido como Presidente en Santo Domingo. Y luego vendría lo del nuevo Presidente de la Republica de México.

La nota gubernamental aclara que esa representación “no la ostentará el rey emérito”. Sin más explicaciones. Cierto es que tampoco los españoles la necesitan. Hay que ser tonto para no reconocer los motivos de tan radical anulación.

¿Han empezado ya las represalias por las declaraciones de Corinna en las que tan mal parado queda el ex soberano? Cierto es que no se encuentra en las mejores circunstancias para representar no ya a la Corona o al Gobierno de España sino para representarse él con un mínimo de dignidad.

Se desconoce si la decisión de anular el Real Decreto de representación ha salido de la Zarzuela o de La Moncloa. Aunque el gobierno, para proteger y defender la Institución, declaró que el escándalo Corinna no afecta para nada a Felipe. Ellos saben que le afecta ¡y de que manera! Primero, como hijo; segundo, como Jefe de la Familia; tercero, como Jefe del Estado.

Esta pasada semana, Pilar Urbano, en crónica en El Español, apuntaba una serie de medidas que, a su juicio, debería aplicar contra su padre, tales como apartarle del núcleo duro de la Familia Real que, como los lectores saben muy bien, está compuesto por don Juan Carlos y doña Sofía, Letizia, Felipe como Jefe y sus hijas Leonor y Sofía; retirarle el titulo de “rey emérito” y suprimir su despacho en el Palacio Real.

Lo del titulo, ya podía haberlo hecho en su día, como hizo la reina Juliana de los Países Bajos primero y su hija Beatriz posteriormente cuando abdicaron para tomar simplemente el de Princesa.

No se entiende que en una monarquía reinante existan dos reyes. Como tampoco que la Jefatura del Estado sea bicéfala, como aquí en España. Siempre he considerado que eso de “los reyes”, cuando se habla de Felipe y Letizia, no es correcto. Solo existe… el Rey. Ella es la consorte. No lo digo yo. Lo dijo en su día Doña Sofía: “Yo no tengo un estatus propio, como reina. El rey es él. Yo tengo un estatus como consorte del rey. Consorte, ese es mi estatus personal” (“La Reina”. Plaza y Janes 1996. Página 309). Mas claro imposible, estimada Letizia.