Franco, 38; Juan Carlos, 49; Felipe, -1

Coincidiendo con la publicación en el BOE la orden de expedir la Real Carta de Sucesión del Ducado de Franco a Carmen Martínez- Bordiú, el gobierno de Pedro Sánchez estudia la formula legal para retirar el citado ducado a la nieta del dictador. Los muy ignorantes desconocen o no quieren conocer que esta potestad solo le corresponde a Su Majestad el Rey.

Aunque el Rey es el único que tiene “gracia” para otorgar títulos de nobleza, Franco lo asumió por un Decreto del 4 de junio de 1948 que decía: “Todas las referencia que en la nueva legislación, cuya vigencia se establece, se hacen al Rey y a la monarquía, se entenderá que se atribuyen y contraen al Jefe del Estado”.

Y, amparándose en este decreto, firmó treinta y ocho concesiones de títulos aunque, por aquel sentido del ridículo que para algunos tenía y para justificar el hecho o justificarse,  añadió un patriótico preámbulo a la ley en el que se decía que la concesión era un premio a “acciones heroicas y servicios extraordinarios dignos de parangonarse con las mas famosas que registra nuestra historia”.

Resulta curioso que el primer titulo de nobleza que concedió Franco fuera para un fusilado, José Antonio Primo de Rivera, y el último para un asesinado, el almirante Carrero Blanco.

El Ejército se llevó la palma con dieciséis generales ennoblecidos y le siguieron los falangistas con diez títulos de nobleza. Y también le concedió el marquesado de Peralta a José María Escrivá y Balaguer, fundador del Opus Dei, el 17 de noviembre de 1972.

Pero, como el General vivía inmerso en una auténtica oligarquía femenina, la de “las Cármenes”,  las presiones de estas tres dieron su fruto, ocho meses después de la boda de la nietísima con Alfonso de Borbón Dampierre, conocida también como la boda de “la conspiración”.  Un decreto firmado por Franco, el 2 de noviembre de 1972,  “facultaba a don Alfonso de Borbon Dampierre a usar el titulo de duque de Cádiz y el tratamiento de Alteza Real para él y sus descendientes. Consciente de sus limitaciones para otorgar nobleza de tal envergadura, lo hizo añadiendo en el decreto “a petición del futuro Rey de España”,  aprovechando que éste se encontraba de viaje en Inglaterra.

A su regreso,  se encontró con la desagradable sorpresa del decreto ya firmado y con algo más que no podía tolerar, se nombraba a Alfonso  “Príncipe de Borbón”. A esto,  don Juan Carlos se opuso tajantemente y amenazó incluso con marcharse. Logró evitarlo aunque solo a medias.  La relación entre el futuro Rey y su primo fueron, desde entonces, difíciles y complicadas.

Pero, muerto el General, se acabó la “gracia”. Y es a don Juan Carlos al único que legalmente le corresponde, desde el 22 de noviembre de 1975, la concesión de títulos y honores. No ha llegado a cincuenta los títulos nobiliarios otorgados a los largo de los 43 años de reinado: 6 ducados, 30 marquesados, 5 condados, 5 Grandezas de España y 1 señorío. Fue este titulo nobiliario el primero que concedió, a los pocos días de convertirse en Rey, precisamente a doña Carmen Polo, la viuda de Franco. Y el primer ducado a Carmen Franco, la hija del General, titulo heredado por Carmen, su primogénita y que el gobierno de Pedro Sánchez quiere arrebatarle.

Resulta curioso que, a diferencia de Franco, la mayoría de  los españoles ennoblecidos por el rey son escritores, como el heredero de Valle Inclán, Camilo José Cela, Mario Vargas Llosa; editores como José Manuel Lara, de Planeta; músicos como Andrés Segovia, Joaquín Rodrigo; pintores y escultores como Salvador Dalí, Antoni Tapies; científicos como Juan Oro, Margarita Salas; Gregorio Marañón; deportistas como Vicente del Bosque e historiadores como Gonzalo Anés.

Si repasamos la lista de los consejeros de la banca española,  vemos que de los prohombres del dinero en los consejos de administración solo 13 ostentan titulo nobiliario. Cuando, el 27 de diciembre de 1992, el rey Juan Carlos otorga el título de marqués de Águilas a Alfonso Escámez, presidente entonces del Banco Central Hispano, se pensó que era una distinción por ser, se decía “el banquero del Rey “.
Aunque parezca increíble, ha habido españoles que han rechazado el titulo nobiliario que les ofrecía el soberano. Lo hicieron no por soberbia ni enemistad personal sino por coherencia con su manera de pensar ¿republicana? ¡Vaya usted a saber!

Tanto el ilustre bioquímico de renombre internacional y Premio Nóbel de Medicina, Severo Ochoa, como al académico de la Lengua, Pedro Laín Entralgo, rehusaron en su día cortésmente la distinción nobiliaria.

Frente a Franco y a su padre, don Felipe, en los cuatro años de reinado, no es que haya concedido titulo alguno. Por el contrario. Le ha quitado, el 11 de junio de 2015,  a su hermana Cristina el ducado de Palma de Mallorca que le concedió su padre, el rey Juan Carlos, con motivo de su boda con Iñaki Urdangarin.

Posiblemente piense como el gran Ortega y Gasset: creía con enérgica convicción que la sociedad humana es siempre aristócrata, quiera o no, por esencia misma y que, por lo tanto, no necesita que nadie, del rey abajo nadie, le conceda títulos de nobleza que se tienen por el solo hecho de ser hombre o mujer. Se vale por lo que se es no por lo que el rey quiera que seas.