La boda de los celebrities

La boda del pasado sábado en Windsor no podré incluirla entre “mis bodas reales” porque no lo fue. Tan solo una boda de celebrities a ritmo de gospel, en la que faltó la alfombra roja, como en la ceremonia de los Oscar de Hollywood.

Durante dos horas antes del comienzo de la ceremonia, los telespectadores de medio mundo contemplaban asombrados un desfile de actores y actrices protagonistas de la serie “Suits”, que hizo famosa a la novia; como Priyanka Chopra, Abigail Spencer, Cressida Bonas, ex novia de príncipe Harry, Carey Mulligan, protagonista de la película “Sufragistas”, el actor Idras Elba , todos ellos y ellas de tercer orden salvo George Clooney, Elton John y la presentadora de la televisión norteamericana Oprah Winfrey,  amén de David Beckham y su no menos famosa esposa Victoria.
Pero el personal televisivo que pensaban que aquello era una boda real, esperaron inútilmente la llegada de los “royals” que nunca aparecieron. La reina Isabel, posiblemente,  no cursó invitaciones ni tan siquiera a las familias reales más cercana por razón de parentesco ante el temor de algún desaire.
Había decidido que la boda del tarambana de su nieto Harry, protagonista de épicas jaranas en pelota, putas y drogas, fuera de bajo nivel en consonancia con la novia de la que todo el mundo conoce su desnudo integral, familia y amigos.
Por ello, se eligió Windsor donde también se casó el príncipe Carlos, padre del novio, en su segunda boda, con Camila.
Por cierto, al compañero David Gistau le recordó ese día a aquel salón madrileño con el mismo nombre dedicado a bodas y bautizos.
Como se pudo observar por las imágenes de la tele, la reina Isabel no aparecía lo que se dice feliz. Durante todo el tiempo que duró la ceremonia no dirigió ni una sola mirada a Meghan al igual que hizo con Camila, el día de su boda.
Y solo exteriorizó cierta incomodidad cuando oyó al reverendo Curry hablar del fuego y de la energía en el amor.
Tampoco salió a la puerta del oratorio para despedir a los novios mientras estos aguardaban la llegada del carruaje. Si lo hicieron la madre de la novia, el príncipe Carlos, Camila, Guillermo y Kate.

Fue “Una boda en blanco y negro”, como titulaba acertadamente el querido compañero Miguel Ángel Mellado su crónica en El Español. Porque estos eran los colores predominantes en la iglesia de San Jorge. Sobre todo el negro.
Negra, Doria Ragland, la madre de la novia; negro el reverendo Michael Curry, el surrealista obispo de la encendida y apasionada perorata anglicana; negra Jane Fellowes, la que leyó el texto de Salomón; negras las voces del coro gospel y negro Sheku Kanneh Masón, el violonchelista. Si ustedes no lo vieron así,  es que son daltónicos.
Por lo demás lo de Harry y Meghan no fue una boda real sino otra cosa.