Mejor… no ir

El próximo 26 de mayo, el heredero del trono de Dinamarca cumplirá 50 años. Con tan gozoso motivo, la Casa Real danesa lo celebrará por todo lo alto. Se espera la presencia de representantes de las monarquías europeas, entre ellas la de España.

No hay que olvidar que Federico era el primer varón heredero que nacía en 69 años. Cuando nació su madre, la actual reina Margarita, en el país existía la Ley Sálica por lo que, sabedor el rey Federico de que su esposa, la reina Ingrid, no iba a tener más descendencia, fue reformada la Constitución para que la niña pudiera reinar.

Se da la circunstancia de que Federico no solo nació el mismo año, 1968, que Felipe de Borbón, sino que son grandes amigos.

Precisamente, la boda del heredero danés con la joven Mary Donaldson supuso la presentación oficial en Europa de la inefable Letizia, quien, una semana después, contraería matrimonio con el todavía Príncipe de Asturias.
Nunca olvidaré, porque yo estaba allí, la llegada a la ceremonia de la boda del heredero danés de una Letizia, feliz y entonces relajada, luciendo aquel espectacular y españolísimo modelo, rojo fuego, de Lorenzo Caprile.

Del brazo de un Felipe, también relajado y simpático, Letizia desfiló por la alfombra roja, como su vestido, con un sorprendente dominio de la escena, una sonrisa prolongada, no como ahora, y con una sobre interpretación de su papel de aspirante.

Por todo esto y mucho más, la presencia de Felipe y Letizia en Copenhague, ese 26 de mayo, es casi obligada. Pero, mucho me temo, que, a lo peor, mejor que no.

De hacerlo, se encontrará, por primera vez, con quien no desea, Marie Chantal Miller, la única persona que dijo lo que pensaba de ella tras la violencia de Letizia contra la reina Sofía, en la catedral de Palma: “ha mostrado su verdadera cara”.

Chantal acudirá a Copenhague con toda la familia real griega. No olvidemos que su suegra, la reina Ana María, es hermana de Margarita, esa reina que, al igual que la de Inglaterra, no piensa abdicar jamás.

Pienso que para evitar violencias y desprecios, no solo de la esposa del príncipe Pablo sino también del hermano de Sofía, su cuñada y sobrinos, a la que aman tanto.

Mejor,  no ir.