Cuando a Puskin lo echaron de casa

Su Graciosa Majestad Británica, la gran reina Isabel II, cumplió el pasado sábado…92 años. Podía haber sido un día muy feliz pero … no lo fue. El domingo anterior murió…”Willow”, el más viejo de los corgis, esos pequeños perros que siempre acompañan a la Soberana allá donde está e, incluso, allá donde va.

Según Borja Bergareche,  era “el último descendiente de “Susan”, el ejemplar que le regaló su padre, el rey Jorge VI, a la entonces princesa por su 18 cumpleaños y que vivió mas de quince años”.

Desde entonces,  ha venido criando esa raza al igual que el rey don Juan Carlos criaba los famosos golden retriever, el perro más humano de todos los que existen en el mundo.

Para ocuparse de ellos en La Zarzuela, había todo un experto quien, además era empleado del Banco de España. El golden era un regalo que el soberano español hacía a sus amigos, entre estos al embajador Chencho Arias que se lo llevó,  incluso, a Nueva York cuando era el representante diplomático español en la ONU.

En la Zarzuela son muchos los perros que han convivido con la Familia real. Tantos como 25. Hace unos años cada uno tenía el suyo o los suyos y de razas diferentes.

Felipe,  a “Balú”, un terrier y, más tarde, al pobre “Puskin”, un schnauzer; su hermana Elena, un golden retriever, “Bruja”; Cristina, un teckel,  “Gringo”.

El rey Juan Carlos es quien más perros tenía. Aunque sentía pasión por los golden, como ya hemos contado, su favorito fue siempre “Arky”, un viejo pastor alemán que se llevaba con “Boby”, el joven Lhasa apso de la reina Sofía, más o menos como ellos, fatal.

Pero ninguno amaba tanto a su mascota como el entonces príncipe Felipe con su pequeño schnauzer, bautizado con el nombra de “Puskin” . El perrito formaba parte de su vida. Era tal la identificación entre los dos que, cuando Puskin intuía que Felipe se iba de viaje, empezaba a tener problemas de estomago, vomitando con frecuencia. El príncipe no llamaba a nadie del servicio para recoger los vómitos, lo hacía el mismo. Le amaba tanto que, cuando la reina decidió visitar a su hijo en la época en la que éste estudiaba en Washington, en 1993, le pidió que le llevara a Puskin.

Pero cuando en el año 2004 contrae matrimonio, lo primero que hizo Letizia fue prohibir que el perro durmiera no en el dormitorio con su amo sino en la casa. No soportaba entonces ni los perros ni los gatos.

Felipe lo pasó muy mal. Pero, como se está viendo, para evitar mayores problemas,  aceptó lo que ella había decidido.  Cuando al pobre perro le echaron  de la casa, debió internarse en los montes que rodean La Zarzuela. Posiblemente,  moriría de frío o atacado por los jabalies u otras alimañas que habitan en la reserva porque de él no se volvió a saber.

Despues de esto y de lo que hemos visto últimamente,  ¿tiene alguien duda de quien manda en la casa de los Borbón-Rocasolano?

Letizia debería saber que, a lo largo de la historia de las casas reales europeas, los perros ocuparon siempre su lugar y fueron objeto de preferencia por parte de los reyes y príncipes hasta el extremo de que el perro ha sido figura obligada en los retratos de los grandes pintores de la corte.