Mujeres al borde del ataque de nervios… en la catedral

Lleva razón mi querida compañera y amiga Marta Michel, directora de Yo Dona cuando, recordando el triste y lamentable incidente de la Familia Real en la catedral de Palma de Mallorca, “no parece que vaya a ser uno de esos asuntos que se olvidan tras la tormenta…  Esas imágenes que hemos visto con los ojos como platos, pensando que aquello no era real, marcarán un antes y un después en la reputación de Letizia”.

”La imagen de la catedral perdurará siempre en nuestras retinas. La insolencia y mala educación de la “consuerte” y la niña pija Leonor quedarán para la historia”, como escribe una lectora de esta columna y que firma “MadridCarmen” y a quien le pone de los nervios “y me toman por la gili que no soy, ver a Letizia deshaciéndose en atenciones con la suegra”.

La periodista de ABC, Almudena Martínez, intenta en su crónica del pasado domingo, justificar lo injustificable, sobre el paripé a las puertas del Hospital La Moraleja y que tanto ha indignado a la opinión pública a la que se ha tomado por tonta cuando no por “gili”.

Para explicar lo inexplicable y justificar lo injustificable, la compañera recuerda unas palabras que Felipe pronunció durante una entrevista que TVE le hizo cuando cumplió 30 años a propósito de la forma en la que hay que afrontar los errores. “Hay que intentar salir airoso con cierta agilidad y diplomacia pero siempre desde la honestidad y la humildad”. Y atención a lo que sigue que hubiera sido mejor no recordar querida: “No hay que utilizar trucos raros ni intentar que parezca que no nos hemos enterado”.

Ateniéndose a tan “sabias “palabras reales, Almudena escribe, cual si fuese el portavoz de La Zarzuela, que “no se podía dejar pasar el tiempo ni recurrir a complejas estrategias de comunicación.” Para ello, los “genios” de La Zarzuela… “y sin necesidad de improvisar una salida ad hoc que podría haber parecida… forzada”, montan la ridícula mise en scène que tanto daño ha hecho a la Casa. Nadie se podía creer ni se creyó el mensaje “normal” y de “habitual cordialidad” entre la suegra y la nuera.
Me gustaría saber quién fue el “Pedro Almodóvar” que montó, dirigió y repartió los papeles de esta película sobre “mujeres al borde del ataque de nervios en la Catedral”.

A Letizia le correspondió el papel más humillante haciendo de “gorrilla” o “abrecoches”. A doña Sofía, por haber sido la víctima, el de quien es, la reina. Y a la niñata, de pija como es.

Don Felipe parecía satisfecho por la representación. El pobre quiso zanjar el asunto reconociendo, con una media sonrisa bajo la barba, “todo está bien”. Aunque, desde ahora en adelante “Letizia deberá mostrar un cuidado especial en su relación con doña Sofía y tendrá que actuar de forma relajada en presencia de sus hijas”.

Así finalizaba la compañera su edulcorada crónica, olvidando que hay ciertos guisos que con azúcar están peor, mucho peor. No lo olvides querida.

 

¿Y al rey don Juan Carlos? Simple y sencillamente impidiendo que la representación teatral continuara en la UVI, donde, según dicen, impidió que la nuera asomara el careto.