¡Aquí hay tomate!

Mi paisano, Federico García Lorca, decía que tener un hijo (o una hija) no es tener, precisamente, un ramo de rosas. Mi querida Isabel sí que sabe de hijos, de rosas y de espinas.

Lamento que, el eco de la conversación de su hija Tamara con Bertín Osborne, le haya alterado su corazón de madre. Siempre ha tratado de defender lo indefendible. Como es obligación de toda madre. Isabel, que siempre ha sido ejemplo de discreción en lo referente a su vida, piensa y cree que hay cosas que no se deben contar jamás. Y ella nunca las ha contado ni las contará por mucho dinero que le hayan ofrecido o le puedan ofrecer.

Pero ya se sabe eso de los hijos de pequeños, aman a sus padres; de crecidos los juzgan y ya, de mayores, hasta los perdonan.

Ignoro si todas estas premisas se dan en Tamara, la hija nacida de su relación con Carlos Falcó, marqués de Griñón y el segundo de sus tres maridos. Posiblemente, Mario Vargas Llosa, el actual compañero, tiene  todas las papeletas para convertirse en el cuarto esposo. Siempre lo he dicho: Isabel no es mujer de amantes sino de maridos.

Esta mi semana, Tamara ni ha juzgado ni perdonado a su famosa madre pero…  largar sí lo ha hecho con la “incontenible locuacidad” que suele, ya sea para hablar de sus sentimientos religiosos o de la vida de su casa que la puso patas arriba en el programa de Bertín “Mi casa es la tuya”. Esa noche, “Villa Meona” fue de todos.

A Tamara no le importó que todo el mundo supiera que mamá los sábados “no se arregla mucho”. “Pero, un sábado que Mario venía a almorzar, mi madre salió del camisón del sábado, peluqueada, con tacones, unos pantalones negros apretados y yo le digo a Ana que a mamá le gusta Mario. Y Ana que no. Y yo le digo que aquí hay tomate”.
Y Ana, le dice a Isabel: “Mami, que me habías dicho que solamente erais amigos”.

Como el lector sabe muy bien, Ana nació del matrimonio de Isabel, el tercero, con Miguel Boyer. Por ello, a la joven no debía agradarle que su madre se enamorara de nuevo.

Tamara también recuerda en su indiscreta conversación con Bertín, la pregunta de Vargas Llosa a las hijas de Isabel: “Vosotras no creéis que Miguel estaría contento desde el cielo pensando que yo estoy aquí”.

Tamara no cuenta la respuesta de las dos hermanas a la pregunta, fuera de tono, de Mario pero sí su propia y personal versión de lo que pensaba de verdad: “Con lo celoso que era tío Miguel, estaría ahora mismo con un bazoka en plan disparando. Eso pienso”.

Según escribe María Eugenia Yagüe, en la Otra Crónica de El Mundo, Tamara telefoneó a una amiga, conocedora del lógico enfado de Isabel, pidiéndole “tranquiliza a mamá que está como un toro”.

Isabel Preysler, por encima de todo señora, intentó quitar hierro a las irresponsables palabras de su hija, “a veces, Tamara es demasiado sincera y encima exagera las cosas y cambia otras. Pero no hay la menor duda que la dolorosa procesión iba por dentro. ¡Ay querida Isabel, esas hijas que amamos tanto cuantos disgustos nos dan! ¡Si yo te contara…!