Meirás: Cuando don Juan Carlos rompió la cama

Cuando la herencia de Carmen Franco Polo, duquesa de Franco, aún no se ha acabado de repartir entre los siete hijos, el Pazo de Meirás, una de las propiedades más emblemáticas y polémicas, acaba de ponerse a la venta.

Lo hacen, no directamente los herederos, sino una inmobiliaria santanderina, Mikel, propiedad de un amigo de Carmen Martínez Bordiú.

Al parecer, la nueva duquesa de Franco, como primogénita y dados los problemas de su hermano Francis con la justicia que le ha condenado a dos años de cárcel,  es quien, al parecer,  ha tomado las riendas para liquidar el fabuloso patrimonio recibido de su madre.

“Quieren quitarse cuanto antes de en medio el Pazo”, una propiedad envenenada. Y lo ofrecen por tan sólo… 8 millones de euros. Con todo lo que alberga, incluida la fabulosa biblioteca de Emilia Pardo Bazán que, por si sola, ya lo vale, así como la capilla, con un espléndido retablo barroco gallego en talla, de madera, del siglo XVIII, se trata de una ganga pero muy difícil de vender. Por las cargas de todo tipo que tiene. No sólo por tratarse de un edificio catalogado como Bien de Interés Cultural, con todo lo que ello conlleva, entre otras obligaciones abrirlo al publico sino también por  los intentos, incluso, de expropiarlo para dedicarlo a fines culturales. Recientemente, yo le aconsejaba a los herederos que tuvieran el gesto de donarlo al pueblo.

Durante mi época de reportero, tuve la posibilidad de visitar, en varias ocasiones,  el Pazo, por lo que lo conozco muy bien.

No me resisto a contar lo que le sucedió a don Juan Carlos en la época en la que era príncipe, durante una de las visitas que hizo al general Franco cuando este se encontraba disfrutando de sus vacaciones estivales en el Pazo de Meirás.

Se lo contaba la propia doña Sofía a Pilar Urbano para el libro que escribió sobre la “La Reina”( Plaza y Janés 1996):

“La primera noche en el Pazo ocurrió que, al ir a acostarse mi marido,  ¡pumba!, se rompió a cama. Él se cayó al suelo. Se armó un ruido terrible y un jaleo con los barrotes, el colchón, el somier…. ¡Yo creí morirme! Y le dije: “Por lo que más quieras, no lo cuentes…”. Pero ¡já!, al día siguiente le faltó tiempo para soltarlo nada más llegar al desayuno. Todos se rieron mucho. Incluso Franco”.

Lo que la reina no cuenta fueron los comentarios, si los hubo. Y lo que todos, incluido el marqués de Villaverde, tan follador él, pudieron pensar. Tampoco aclara si la rotura de la cama se produjo a causa de juegos sentimentales. Pienso que, en aquella época, todavía se amaban.
Lo que si quedó muy claro es que la camita del Pazo no estaba para muchos trotes amatorios aunque don Juan Carlos, contándolo, tuvo la malicia de dejarlo caer.

El Pazo de Meirás , también fue escenario de la mala sintonía entre el Generalísimo y la Generalísima. Lo cuenta el doctor Vicente Pozuelo Escudero, que le atendió en el último tramo de la vida del Dictador (“Los últimos 476 días de Franco”, Planeta, 1980).

“Sucedió el 7 de septiembre de 1974, la última vez que Franco acudió a su muy querido Pazo. Ese día, trajeron como regalo un faisán blanco, muy bonito y que había sido disecado para que sirviese de motivo decorativo.

-Que lo coloquen sobre el arcón que está a la entrada, a la izquierda. En la oscuridad de aquel rincón, sobre el mueble oscuro.

El blanco del faisán resaltaba extraordinariamente. Era un sitio donde se hacía notar. Pero apareció doña Carmen que iba a Misa.

-¿Has visto que bonito está el faisán?,  preguntó Franco a la Señora.

-Precioso. ¿Te parece que lo coloquemos aquí?, propuso doña Carmen al tiempo que lo cogía y lo trasladaba donde había otros faisanes disecados.

Su excelencia dijo escuetamente:

-¡No!

La Señora lo colocó en otro sitio al tiempo que le preguntaba:

-¿Aquí?

Franco volvió a decir malhumorado:

-¡No!

Todos los que presenciábamos aquel hecho, estábamos muy violentos.

Doña Carmen, tozudamente propuso otro lugar.

– ¿Aquí?

-¡No!,  ¡No!,  dijo él con la voz muy alterada.

Entonces, la Señora cogió el faisán y lo colocó nuevamente sobre el arcón. El Generalísimo dijo entonces:

– Sí, efectivamente, ahí es donde está mejor, donde tiene que estar.

Sucedió en el Pazo de Meirás que los herederos de estos protagonistas quieren vender. Quien lo compre, también su historia y los problemas incluidos en el precio. Una ganga difícil de vender.