La muerte de un hombre bueno

Cuando se cumplen muchos años, tantos como los 86 que a punto estoy de tener, te vas quedando cada vez más sólo. En poco tiempo he perdido tantos como siete grandes amigos que no han tenido la suerte o la desgracia de vivir tantos como yo Algunos de ellos ¡eran todavía tan jóvenes!

Si ustedes leen las famosas esquelas de ABC observaran que cuando un hombre muere con más de 90 años, junto a los nombres de su mujer, hijos y hermanos, siempre aparece una pequeña cruz. Es una elocuente y dramática demostración de que ha muerto… solo.

A veces, como esta semana, la muerte de un hombre joven, de 54 años y padre de seis hijos (Mercedes, Alfonso, Regina, Victoria, Carmen y Luis) me ha conmovido profundamente.

Se trataba de una de las personas más buenas que yo he conocido. Tuve la suerte y el privilegio de trabajar a sus órdenes en la COPE, de la que fue presidente entre 2006 a 2010.

Además, era hijo de Luis Coronel de Palma, marqués de Tejada, ex gobernador del Banco de España y embajador en México, el año 1976, cuando los reyes don Juan Carlos y doña Sofía llegan a un país, a un continente, donde se les llevaba esperando cuatrocientos ochenta y cuatro años.

Aquella mañana que daba fin al mes más florido del año, toda la América Latina se puso en pie. Y lo hizo en el momento en que los Soberanos españoles pisaban tierra en el Nuevo Continente en el que ningún rey de España había estado antes.

Muchas veces recordé con Alfonso el gran favor que me hizo su padre, el entonces Embajador de España en la capital azteca, permitiéndome estar presente en el reencuentro de la legitimidad de la Republica y la Monarquía democrática, cuando don Juan Carlos y Doña Sofía abrazaron a Dolores de Rivas, la viuda de Manuel Azaña, el último Presidente de la Republica española en la embajada de España.

– Quédate en este saloncito. Que no te vean los compañeros. Yo te avisaré – me dijo el embajador.
Gracias a ello, pude ser testigo de aquel emocionante e histórico momento en el que doña Lola, con los ojos llenos de lágrimas y las manos de don Juan Carlos y doña Sofía entre las suyas, les decía:

– ¡Cuanto le hubiera gustado a Manuel vivir este día porque quería la reconciliación de todos los españoles!

Testigo junto a Coronel de Palma, Emilio Casinello, Consejero Cultural entonces de la embajada y más tarde embajador de 1982 a 1985.

Vaya este recuerdo en homenaje a Alfonso, dignísimo hijo de aquel gran hombre que fue su padre. Tan grande como él.