Así no, Señor

Ignoro, y no sólo yo, quién manda en Felipe VI. Quién dice dónde tiene que ir y dónde no. Quién decidió ¡qué gran error! su presencia en la manifestación de la Plaza de Cataluña, en Barcelona. Llegó entre insultos. Insultándole estuvieron y con insultos se marchó.

Quienes lo decidieron, ignoraban que aquello no era una manifestación en memoria de las víctimas de los atentados terroristas en Las Ramblas y en Cambrils, sino un acto político de reafirmación nacionalista.

¡Qué triste y ridículo aparecía Felipe entra aquellas dos niñas musulmanas y con una rosa roja en la mano! Me alegra coincidir con Ramón Pérez-Maura del ABC de Bieito Rubido.

Me cuesta creer que fuera el presidente Mariano Rajoy quien decidiera la presencia del Jefe del Estado. A lo peor, sí. ¿Era una forma de no sentirse tan sólo?

Tampoco creo fuera decisión del Jefe de Su Casa, el discreto y silencioso Jaime Alfonsin. Quien lo hizo, no merece ser su consejero. A lo peor fue su real persona. Lo cual ya sería preocupante.

Como lo fue aprovechar el acto de la entrega de los Premios Nacionales de Cultura, entre otros personas a Concha Velasco y Victorino Martin, en Cuenca, para abordar, por aquello de que “el Pisuerga pasa por Valladolid,”, como el que no quiere la cosa, el golpe de Estado.

El general Sabino Fernández Campo le hubiera aconsejado hacerlo desde su despacho, en el Palacio de La Zarzuela, tras la sintonía del Himno Nacional. Y no con uniforme de capitán general de los Ejércitos, como hizo su padre el 23 F. Aquel fue un golpe de Estado de militares y este es civil. Pero tan golpe de Estado uno como otro. Y, si me apuran, lo que se pretende estos días…  muchísimo peor. Porque está en juego la unidad de España.

Lo de 1981, era otra cosa. Lo  sabían muy bien, sobre todo, tres personas: el rey don Juan Carlos y los generales Milans del Boch  y Armada. Estos dos ya no pueden hablar. Fallecieron, el 26 de julio de 1997, el primero; el 1 de diciembre de 2013, el segundo. El Rey emérito… nunca lo hará. Pero alguien tendrá que hacerlo un día.

Una pregunta: ¿quién guarda o esconde los diarios de Sabino? ¿Su viuda? ¿Sus hijos?

Aunque María Teresa Álvarez declaró que no existían, haberlos haylos. Algunas personas que frecuentaron al general los vieron y bien clasificados y ordenados. Al día. Entre ellos, el periodista Manuel Soriano, autor de “La sombra del Rey” (Temas de Hoy 2008), la mejor y más completa biografía de quien fuera Jefe de la Casa de Su Majestad y el hombre más leal que don Juan Carlos ha tenido nunca. Se trata de un libro lleno de elocuentes silencios a los que habrá que ponerle voz. Soriano debería.