A propósito del viaje Real

(Espero no decepcionar a Alfonso A., el estimado internauta. A él y a todos los que este tema les interesa)

“Ha sido una pena que hayan tenido que ir a Londres en visita oficial para que, aquí, podamos experimentar el orgullo de Reino”, escribía el querido y muy monárquico compañero Antonio Burgos en él monárquico ABC del pasado domingo 16.

Eso pienso también. ¿Por qué la inefable Letizia se ha comportado, durante la estancia en el Reino Unido, de forma y maneras tan distintas que lo hace en España?

No podemos olvidar su antipático y despreciativo gesto en el Congreso, el día del 40 Aniversario de la Democracia. Ni una sonrisa ni una actitud relajada y simpática sino distante y agresiva.

Posiblemente porque no le caemos bien; ni ella a la mayoría, tampoco. Letizia sabe que lo sabemos. Eso siempre incomoda. Pienso que ante los españoles se siente desnuda. Su biografía familiar y sentimental… pesa mucho.

Los expertos en protocolo han seguido, con mucha atención, todos los gestos que se han producido en los encuentros entre los Windsor y los Borbones. Todo muy  medido, muy pensado, muy ensayado. Sobre todo, a la llegada: Felipe besó a la tía Lilibeth; Letizia, le dio la mano. Hay quien piensa podría haberle hecho el “plongeon”. Isabel II “no es sólo la decana de la realeza europea y la reina más reina del mundo” que, a sus 91 años, encarna, como ningún otro soberano, todos los atributos de la Monarquía parlamentaria, sino titular de La Corona y como tal Jefe de Estado mientras Letizia es tan sólo consorte por matrimonio.

El encuentro con Carlos y Camilla estuvo más acorde con la situación personal de las mujeres. La duquesa de Cornualles no le hizo la reverencia  a Letizia. Se limitaron a intercambiar besos a pesar de las dificultades de los sombreros. Natural. Se trataba de dos divorciadas que han llegado a donde nunca soñaron. Cierto es que una antes que la otra. Pero Letizia se pasó endosándole dos besos a Su Majestad, en el momento de la despedida. Nuestra consorte debía saber que ni sus hijos lo hacen públicamente.

El único miembro de la Familia que le hizo la reverencia fue la muy estirada Ana. Una imagen insólita la de una princesa Real haciéndole el plongeon a la nieta de un taxista. Lo nunca visto.

De todas formas me alegro del éxito de la visita real. Lo necesitaban después del comportamiento que tanto Felipe como Letizia tuvieron con el rey Juan Carlos. Nunca se había producido, en España, una crítica tan ferozmente unánime contra ellos. A causa de todo esto, “necesitaban un chute de revitalización y especial boato”, como escribía Eduardo Álvarez, en El Mundo.

La reina Isabel lo sabía también. “Por ello intentó echarles una mano a sus familiares Borbón reclutando a toda la familia real para el banquete en el palacio de Buckingham.”

El hijo intentó compensar a su padre en el discurso en el Parlamento, finalizándolo con las mismas palabras que empleó el rey don Juan Carlos en el mismo lugar, 31 años antes. Que tampoco eran una joya ni política ni literaria: “Somos dos naciones con todos los motivos para la comprensión, el apoyo y el afecto”.

Y un consejo, querida: no maltrates la Orden de Carlos III cortando la banda para lucir tus hombros. Se trata de una frivolidad inaceptable aunque lo hiciera, en cierta desgraciada ocasión, tu cuñada la infanta Elena.

Me gustaría que de esta visita oficial al Reino Unido, quedara algo más que los trajes, las tiaras y demás joyas lucidas por la consorte que es lo que estoy viendo en todas las revistas de esta semana. Se equivocan quienes lo ven con esta frivolidad. “En esto, hasta cierta prensa, aunque haya sido el sesudo The Times, ha caído en comentarios bastante frívolos presentando a Letizia y Catalina Midletton como las dos plebeyas que han puesto en hora sus respectivas Monarquías”. Con el riesgo de igualarlas, tan por abajo que están, al menos la española, a dos pasos de la… República.