Letizia, mujer florero

“Si la elección de vestidos y peinados es de sus estilistas, mal. Pero si es de ella, hay que callarse porque el derecho al mal gusto es intocable”, dice Carmen Rigalt. Yo diría que al menos para la prensa cortesana. Como todo lo que la inefable muchacha hace.

Nadie pretende que su peinado y ropa sean como los de la reina Isabel de Inglaterra o la reina consorte Sofía de España, que no han cambiado nunca. Pero de ahí a sorprendernos cada día con un modelo de vestido y de peinado, ni es serio ni apropiado por lo que representa.

Llego a la conclusión de que a quien quiere parecerse es a la consorte más frívola y casquivana de las que son: Rania de Jordania, versión palestina de Letizia. Porque ella es tan frívola y superficial como la colega jordana a quien se parece físicamente, después de pasar sucesivamente por el botox, la cirugía, el ácido hialurónico, el colágeno, etc. etc.,  como una modelo a otra modelo.

La frivolidad de la mujer del rey Abdalah llega a tal extremo que esta semana se ha dejado ver en Instagram no solo maquillándose sino, lo que es peor, maquillando a su hija. Nunca se había visto tal cosa.

Aquí, en España, no hemos llegado a ese extremo. Al menos Letizia, no solo protege a sus dos hijas sino que casi no las deja ver ya que, cuando salen, las lleva ridículamente cubiertas como dos fantasmas.

Ambas han equivocado su oficio. Lo de ellas es la pasarela aunque, bien visto, allá donde aparece la consorte española, inmediatamente se convierte en pasarela de los modelos de Felipe Varela o de su peluquera Luz Valero.

Pienso que a la consorte española le gusta dar que hablar. “Le gusta hacerse notar, lo que en realidad le chifla es ser mujer florero”, como dice mi querida compañera Beatriz Miranda en La Otra Crónica de El Mundo. El último ejemplo, cuando acudieron al 50 cumpleaños del rey Guillermo de los Países Bajos. Mientras todos los invitados reales se alojaban en el palacio de Noordeinden, a salvo de la curiosidad de la prensa, Letizia y Felipe prefirieron hacerlo en  el hotel Des Indes, en el centro de La Haya, para que los reporteros tuvieran la oportunidad de fotografiarla con el espectacular modelo rojo de Stella McCartney y su peinado a lo Gilda.

Lo de esta semana ha traspasado todo lo imaginable con esa coleta china o esa coleta burbuja. La Rigalt la ha comparado con “una ristra de morcillas con pasamanería”. Lo que más sorprende es la actitud complaciente de Felipe, un buen hombre que parece sentirse feliz con las transformaciones permanentes de su consorte, toda una “trendsetter”, no solo en cuestión de pelo, siempre poco apropiado para quien es.

La prensa alemana en general, incluida la prestigiosa Bunte, así como el Hufington Post, la han ridiculizado por ese “bubble ponytail ” o coleta burbuja, que ya han lucido las actrices Olivia Wilde y Blake Lively o la modelo Kendall Jenner. Según esta prensa, a Letizia lo único que le encanta es sorprender y hasta escandalizar. Sin duda alguna y por lo que estamos viendo continuamente, llevan razón.