Cambio de protocolo por una “venganza” real

El protocolo empleado en la recepción a Jefes de Estado en España ha pasado por diversas etapas y escenarios a lo largo de la historia de nuestra democracia, hasta el nuevo formato estrenado esta pasada semana.

El aeropuerto de Barajas con su salón de honor fue una costumbre heredada del franquismo. Ahí recibía Franco a los Jefes de Estado que se dignaban a visitarnos. También el rey don Juan Carlos. Y, desde ahí, en el Rolls Royce hasta Cibeles donde el Alcalde daba la bienvenida de la ciudad.

Este protocolo se mantuvo para Presidentes, jefes de Estado y Reyes reinantes hasta el viaje oficial, en octubre de 1988, de la reina Isabel de Inglaterra.

Fue con esta visita cuando se implantó un nuevo formato de protocolo de bienvenida oficial.

El cambio se debió a una “venganza” del rey Juan Carlos contra su prima inglesa Lillibeth, la más reina de todas las reinas que en el mundo son.

El origen estuvo en la primera visita oficial de los reyes de España, Juan Carlos y Sofía, al Reino Unido, en 1986.

Por lo general, la soberana británica suele recibir a los Jefes de Estado en la estación Victoria de la capital británica, adonde llegan en el tren real desde el aeropuerto. Seguidamente, los pasea en carroza por Londres hasta el Palacio de Buckingham, donde se alojan y se les agasaja con un gran banquete de gala.

Pues bien, a los Reyes de España decidió que la llegada fuera en el pequeño aeropuerto de Windsor, donde, contra todo protocolo, les recibió, no ella, sino el príncipe de Gales, Carlos, y su esposa Diana, mientras que Su Graciosa Majestad les esperaba tranquilamente en su castillo.

A propósito de este extraño protocolo, yo escribí una columna en el periódico El Independiente, que Pablo Sebastián dirigía entonces. En aquella columna, destacaba la humillación en la bienvenida de la visita real.

A don Juan Carlos no le agradó pusiera de manifiesto como les había recibido la Reina.

Aprovechando una recepción en el Palacio Real de Madrid a la que asistí, me lo hizo saber gritándome: “Tú no tienes ni puta idea de protocolo”. A pesar de ello, mantuve lo que había publicado.

Pero tomó buena nota, con un nuevo protocolo que se estrenó, precisamente, en octubre de 1988, cuando la reina Isabel y su esposo, el príncipe Felipe, primo hermano de doña Sofía, llegaban a Madrid, en su primera visita oficial en la historia de su reinado.

En el aeropuerto de Barajas, no se encontraban, como era habitual, el rey Juan Carlos sino su hija, la infanta Elena. Mientras él, como había hecho la Reina inglesa, les esperaba tranquilamente en el Palacio de El Pardo, donde se les recibió oficialmente y se les rindieron todos los honores que merecían.

Este formato se ha mantenido desde entonces hasta la pasada semana cuando Felipe VI decidió que la recepción a un Jefe de Estado no fuera ni en Barajas ni en El Pardo sino en el Palacio Real, símbolo de la Monarquía.
Se trata de un acertado protocolo.

¿Cuál será el próximo cambio en hacer? No hay duda que desea borrar toda la huella del rey Juan Carlos. No tiene por qué extrañar: “Todos los hombres quieren la muerte de su padre”, que decía Dostoievski.