Carta abierta a Pedro Horrach

Admirado Pedro, que te reprochara querer salvar a la Infanta, todo el mundo lo veía, sorprendido que el fiscal se hubiera travestido en el mejor abogado defensor de ella. No era necesario intentar salvarla de un delito fiscal por no contabilizar unas simples facturas. El tema era más importante y más profundo, querido.

Aunque el tribunal de las tres magistradas con piedad han absuelto a Cristina con todos los pronunciamientos a su favor (¡Enhorabuena, señor Horrach!, sabes que te estimo), hay algo que no entiendo: si es inocente de todos los cargos, ¿por qué la multan?

Desgraciadamente, me imagino que tu felicidad no es plena. Porque, si por un lado te absuelven a la muchacha real, por otro, el tribunal rebaja los 19.5 años de condena que pedías para Iñaki, dejándolo en 6 años y tres meses.

Aunque es importante esta condena, nada que ver con la que tú pedías, se mire por donde se mire, excesiva y descabellada.

¡Ni que Urdangarin fuera un asesino, un violador!, cuando el delito son los millones de euros, conseguidos por ser el yerno de Su Majestad el Rey, por ser el marido de la Infanta.

Ya lo dejó muy claro Jaume Matas, cuando el fiscal le preguntó por qué había dado a Urdangarin 1.3 millones de euros: “Porque era el yerno del Rey”. ¡Más claro!

Pero no solo eso: Iñaki, sin el respaldo y la complicidad de la Infanta, ni un euro hubiera conseguido.

¿Tendré que recordarte que para darle el sablazo de 200.000 euros al Ayuntamiento de Alcalá de Henares le exigieron que en la balconada de la casa consistorial, el día de Reyes, también estuvieran la Infanta y los hijos? Estuvieron.

Si esto no es cooperación necesaria para llevarse el dinero, que baje Dios o el demonio y lo desmienta.

“La Infanta no ha sido condenada pero tampoco completamente absuelta: ahí está su responsabilidad a título lucrativo por lo que ha tenido que abonar una suma, lo que supone un reproche ético que invalida cualquier aspiración de nobleza, dignidad o título”, Ignacio Camacho dixit. Más claro…

De todas formas, de ahora en adelante, considérame cliente de tu despacho en tu nueva trayectoria como abogado. Sobre todo, si me tienes que defender.

Como escribe, con muy mala uva, la compañera Carmen Rigalt: “Ya tienes el espaldarazo de la fama, gracias a la Infanta”.

Por último, en tus declaraciones en ABC, reconoces que “el fiscal, que es quien ejerce la acusación, debe decidir cómo, cuándo, qué y dónde se investiga”.

Sería muy fácil puntualizarte el cómo, cuándo, qué y dónde. Aunque falta el cuánto.

Encima, los abogados de Cristina no te lo agradecen. Los muy desagradecidos, te critican. Llegando a decir, incluso, que tu actitud “le ha hecho más daño que bien y que no era necesario”.

Craso favor le han hecho las tres magistradas a la infanta Cristina, convirtiéndola en “la real tonta, ciega, sorda y muda” de la Familia Real.

A pesar de su currículo: licenciada en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid; máster en Relaciones Internacionales por la Universidad de Nueva York; prácticas en la sede de la UNESCO en París; diez años de ejecutiva en La Caixa, colaboradora de la Fundación Aga Khan en Ginebra y políglota. Este bagaje no le impide comportarse como alguien que no se enteraba de nada de lo que sucedía en su casa y en su matrimonio.

¡Qué favor le habéis hecho a ella y, por supuesto, a Ana María Tejeiro (esposa de Diego Torres), sino también a Rosalía Iglesias, la mujer de Luis Bárcenas y a Ana Mato. Jurisprudencia ya la hay. Con hacerse la tonta… todas absueltas.