El peor cumpleaños

Los hijos comienzan por amar a sus padres; cuando ya son crecidos, los juzgan y, algunas veces, hasta los perdonan, decía Oscar Wilde.

Hoy, 30 de enero, precisamente hoy, que Felipe VI cumple 49 años, yo le pregunto, con conocimiento de causa: ¿podrá usted perdonar a su padre?

Muchos son los motivos para no hacerlo. Motivos que se han puesto de manifiesto precisamente estos días.

No porque fueran nuevos en su vida, desgraciadamente, los conocía sino porque se han puesto de manifiesto, golpeándole en prensa, radio y televisión.

Pienso que no ha habido cumpleaños más triste. No solo para usted. Se ha publicado que la reina Sofía también lo está pasando muy mal.

¿Y don Juan Carlos? Tal vez no pensaba que el pasado siempre es presente, sosteniendo sin vacilar el edificio inmenso del recuerdo de su vida.

Mucho me temo, don Felipe, que todo solo sea un prólogo de lo que le queda a usted por sufrir.

Este año no será su mejor año. Está al caer la sentencia de Nóos. Mi compañera en El Mundo, Consuelo Font, escribe que usted ha intentado desmarcarse de los escándalos que se han desencadenado tras la abdicación de vuestro padre. Como la cacería de Botswana y Corinna.

Pero no podrá hacerlo hoy con el affaire Bárbara Rey y sus implicaciones económicas, que es lo más grave.

Estoy seguro que ver entrar en la cárcel al marido de su hermana, su cuñado, Iñaki Urdangarin, será vergonzosamente doloroso.

Y también que nunca pensó lo duro que iba a ser su reinado. Tendrá que reconocer conmigo que todo lo que está sucediendo y lo por suceder, sin olvidar el frente de Cataluña, dañará a la Institución que usted y también su familia representan y que no goza, de una mayoría de simpatía por parte del personal, aunque se diga lo contrario. En el mejor de los casos, la indiferencia.

No podemos olvidar a Letizia, “esa chica tan lista”, según don Juan Carlos. Nadie sabe lo dulce que es la venganza y con qué ardor se la puede disfrutar si no se ha sufrido antes públicas actitudes que no a todos es dado poder manifestar.

A pesar de todo esto, si no es posible felicitarle, sería una cruel ironía, al menos, cuente con mi simpatía.