Con minifalda ante el rey de Arabia

El viaje que estos días ha realizado Felipe VI a Riad, me ha hecho recordar aquel otro de su padre, el rey Juan Carlos, a Arabia Saudita, en marzo de 1974, cuando era Príncipe de España. Se trataba de su octavo viaje oficial al extranjero y en el que, durante once días, recorrimos 37.000 kilómetros visitando Riad, capital de Arabia Saudita; Manila, capital de Filipinas y Nueva Delhi, capital de India.

Pero volvamos a Arabia y a la forma en la que Juan Carlos y Sofía fueron agasajados por el entonces rey Feisal.

No se conocían precedentes de que una mujer hubiera sido recibida por un soberano saudí. Eso demostraba la deferencia y la prueba de entrañable amistad del viejo Rey hacia los futuros reyes de España.

Cierto es que doña Sofía, en los encuentros públicos y también en los que tuvo con el rey Feisal, lució, en todos momentos, trajes largos y en la cena de gala de color rosa cubriéndose con una chaquetilla de visón blanco.

Pero, dada la costumbre de excluir a las mujeres de toda actividad, de toda comparecencia pública, se organizó un programa totalmente aparte del de don Juan Carlos y no al alcance de la prensa.

En el segundo viaje oficial, ya como Reyes, en junio de 1982, con el rey Fahd en el trono, a doña Sofía no se la vio en ningún momento, siendo “secuestrada” en el mismo aeropuerto al descender del avión y conducida por una de las esposas y demás miembros femeninos de la familia al palacio de las mujeres. No la volvimos a ver hasta el día de nuestra marcha.

El viaje de Felipe VI a Arabia lo ha realizado sin la compañía de Letizia. No porque ella se hubiese negado, como se ha publicado en algunos medios, sino porque se decidió que no fuera. Sin más. No es ella quien decide.

Me imagino que no se habría comportado como la Secretaria de Estado de Comercio, la única mujer que formaba parte de la delegación oficial del Jefe del Estado español. La presencia de María Luisa Poncela, este es su nombre, en la audiencia real causó malestar.

Lógicamente, no vestía la túnica negra de la mujer saudita, conocida con el nombre de abaya y que las autoridades recomiendan pero no obligan cuando se visita el país sino un llamativo vestido minifaldero. Que tampoco es eso.

No vale el antecedente de la ministra alemana de Defensa, Úrsula von der Leyen, que rechazó ponerse el velo en su audiencia con el príncipe heredero de Arabia, Bihn Salman al Saud.

La actitud de nuestra Secretaria de Estado ha sido criticada en el entorno de palacio y enfurecido a los sectores más recalcitrantes del país árabe.

Lo peor es que se ha convertido en la protagonista del viaje, cuando el único que debería serlo es el Rey.

Ese mismo día, las autoridades saudíes arrestaban a una joven por no vestir la citada abaya.

¿No hubiera sido mejor aplicar eso de donde fuere haz lo que vieres para evitar el protagonismo?