El gran adulterio del franquismo

A pesar de la estricta y farisaica moral imperante durante los años del franquismo, el adulterio era castigado con la pena de prisión menor. Empezó a contemplarse en el Código Penal en 1942.

Se hacía constar que cometían adulterio la mujer casada que yacía con varón que no fuera su marido y al que yacía con ella sabiendo que es casada.

Se da la circunstancia de que el régimen recupera el adulterio, el 9 de mayo de 1942, abolido por la República, el mismo año que el súper ministro del Gobierno, Ramón Serrano Suñer, que además, era el cuñadísimo del generalísimo, mantiene unas escandalosas relaciones adúlteras, con la esposa de un prohombre franquista, Francisco de Paula y Díez de Rivera y Casares (que era marqués y Teniente Coronel del Ejército).

El escándalo fue tal, que en las tertulias se le consideraba el “cornudo” nacional y, cuando preguntaban por él, siempre decían con chanza que “subía” por Serrano (calle en la que él residía) y, casualmente, el apellido del amante de su esposa. Se decía que era un consentidor.

La miniserie de Telecinco “Lo que escondían sus ojos”, basada en el libro del mismo título de la querida compañera Nieves Herrero, ha puesto la atención sobre una de las historias más apasionantes de la época.

No solo por este adulterio sino por las consecuencias posteriores, cuando la hija adulterina, Carmen, se enamora de su medio hermano. La propia protagonista lo gritó a viva voz en sus memorias publicadas durante la transición.

“La corza malherida”, como la llamó Manuel Vicent, no se recuperó nunca de aquel golpe.

EL personal se pregunta, lógicamente, cómo Franco permitía aquel escándalo que afectaba no solamente a la moral del régimen sino a su propia familia. Serrano Suñer estaba casado con Ramona, la hermana de la súper generalísima, Carmen Polo, que acabó presionando a Franco para que pusiera fin a aquel escándalo que afectaba tan directa y dolorosamente a su hermana.

- O la dejas o te destituyo de todos tus cargos.

- ¡Destitúyeme!, le contesto con chulería.

Y le destituyó, aunque el amor adulterino continuó a lo largo de 18 años. Estos amores de la marquesa y el ministro han recordado al personal hoy los de Isabel Preysler y Miguel Boyer. Marquesa ella y ministro él.

También hubo otros muchos adulterios y ministros cornudos de los que nos ocuparemos otro día.