“Cuando se considere conveniente”

Después del lamentable espectáculo protagonizado por la inefable Letizia durante la solemne ceremonia de apertura de las Cortes Generales, una oleada de comentarios contra ella se ha extendido por todo el país.

Nadie entendió el gesto que mantuvo durante todo el acto institucional sin dignarse a regalar ni una sonrisa. No solo se la veía ausente sino incómoda, distante, fría, antipática.

El cardenal Richelieu decía que el disimulo es el arte de los reyes. El pasado 17 de noviembre, la consorte ni se esforzó, como Sísifo, en desarrollar los músculos manteniendo viva la facultad del esfuerzo, sometiéndoles a un pequeño ejercicio gratuito. Letizia ignoró ese día que el arte de agradar es un gran medio de hacer fortuna.

La solemne ceremonia quedará en la historia como el día más malogrado de todos los que se la conocen.

Ignoro si, a consecuencia de lo sucedido en las Cortes, La Zarzuela (me gustaría saber quién o quiénes) ha decidido que Letizia solo acompañará a Felipe “cuando se considere conveniente” (La Razón dixit). La pregunta es obligada: ¿cuándo se considera que sea conveniente su presencia? ¿Para evitar situaciones tan negativas y que tanto dañan a la Institución?

No debería existir este dilema porque la consorte no podrá asumir funciones constitucionales. Solo el Rey, como Jefe de Estado que es. No olvidemos que tal Jefatura no es bicéfala.

Una comunicante en Vanitatis, Giulia Romeu, escribe: “He visto el video y realmente esta señora está completamente out”. Ni Ana Pastor ni Rajoy y, por supuesto, los diputados y senadores entendieron su actitud.

No hay duda que Letizia tiene derechos y obligaciones. Una de ellas, es ser amable y ofrecer su mejor imagen y sonrisa. Cierto es que la actitud de algunos diputados de Podemos fue una falta de respeto a la figura del Jefe del Estado. Pero la de la consorte fue un menosprecio a los ciudadanos representados por los componentes de las Cortes.

No olvidemos que ella es quién es por haberse casado con Felipe. Si no fuera la mujer del Rey, no tendría esa dimensión, ese estatus: el de consorte.

Además y según el artículo 58 de la Constitución, referido al Título II de la Corona, “La Reina consorte o el consorte de la Reina no podrán asumir funciones constitucionales, salvo lo dispuesto para la Regencia. Es la única vez que la Carta Magna se refiere a ella.