Amor a prueba de zafiro en Tailandia

???????????????????????????????????????????????????????????????????????????

Esta semana ha fallecido, a los 88 años, Bhumibol de Tailandia, el decano de todos los soberanos que en el mundo reinan, con setenta años sentado en el trono ya que fue proclamado el 9 de junio de 1946. Frente a él, tenemos a la reina Isabel de Inglaterra, con 64 años reinando. Sucedió a su padre, Jorge VI, fallecido el 6 de febrero de 1952.

Varias veces han sido las que he visitado Tailandia. Una de ellas, en noviembre de 1987, acompañando a los reyes Juan Carlos y Sofía en la primera visita oficial que realizaban al país como soberanos. En febrero de 2006, volvería de nuevo en viaje de Estado.

Los reyes españoles ya conocían Bangkok por haber sido una de las ciudades incluidas en la luna de miel alrededor del mundo, en 1962.

Precisamente, en los jardines de la embajada de España en la capital tailandesa en el primer viaje oficial, doña Sofía me contó la anécdota del zafiro, un recuerdo para ella imborrable.

Hacía solo unos días que se habían casado en Atenas. Bangkok era una de las escalas del viaje de novios. Durante uno de los paseos por la ciudad, entraron en una joyería en cuyo escaparate vieron un hermoso zafiro, su piedra preferida. Quisimos comprarlo, pero, después de darle muchas vueltas y hacer muchas cuentas, llegaron a la conclusión de que no entraban en sus posibilidades económicas, entonces escasas.

“Tanto el príncipe como yo nos quedamos muy tristes. Él porque le hubiera gustado regalármelo; yo porque me hubiera gustado haberlo comprado.

Cinco años más tarde, y en un viaje privado pasaron por Bangkok, camino de Bombay. Ni ella ni él se habían olvidado del famoso zafiro. Y, cada uno por su lado, salieron de compras. Los dos pensando en la piedra, pasaron por la joyería. Pero, el zafiro no lo tenía ya el joyero. Lo había vendido.

“Aquella misma tarde, continuamos viaje a Bombay”, me recordaría allí en el jardín. “A los postres de la cena, mi marido sacó del bolsillo un estuche que me entregó. Al abrirlo, por poco me desmayo. Allí estaba el zafiro de mis sueños, el zafiro que yo había deseado y perseguido a lo largo de cinco años”.

¿Qué había sucedido? Muy sencillo. Don Juan Carlos aprovechó que doña Sofía se había ido de compras en Bangkok y decidió hacer lo mismo. Con una diferencia: se anticipó a su esposa comprándolo.

“Fue uno de esos detalles que no se olvidan jamás. Lo monté en este anillo que conservo como la joya más amada por su enorme valor sentimental”, me diría al tiempo que me lo mostraba.

Ignoro si ese recuerdo hoy es enemigo de lo que ella ¿aún sigue amando? Sería mala señal que el recuerdo de aquel gozo ya no sea gozo, mientras el recuerdo del dolor que le produce si sea dolor.

Porque, cuando el desamor se ha apoderado de la vida de un matrimonio, los recuerdos no sirven para hacer reconciliaciones sino que son vientos que levantan tempestades en el corazón.

Para mí, de aquel viaje oficial a Tailandia, hoy, con la muerte del rey Bhumibol, solos queda un amor roto y el zafiro.