Nos vemos en Moncloa

Más bien va a ser que no, querida. El sueño de ser Primera Dama se esfumó en la noche del pasado sábado. Como la de tu marido de ser Presidente. Los dos, tonto ella y tonto él, por aquello de dormir en el mismo colchón, se lo habían creído.

Begoña se despidió, incluso, de Ana Rosa Quintana, que la entrevistaba en su programa en Tele 5, con un “nos vemos en Moncloa”.

Ítem más, el sábado, 17 de septiembre pasado, en el desfile de moda de Juanjo Oliva, en la Mercedes Fashion Week de Madrid, fue tratada como una futura Primera Dama, acaparando todos los flashes del front row y la curiosidad de los asistentes. Y, como tal, se comportó.

Ello me recordó a Carmen Martínez Bordiú cuando se creyó, por su matrimonio con el pobre Alfonso de Borbón, futura reina de España. Fue también en un desfile de moda de Villagroy. No solo la colocaron en el front row sino en un gran sillón isabelino, sobre una tarima, para quedar más elevada que el resto de los invitados. Allí, sentada, miraba a toda la concurrencia como si ya fuera la reina de España. Begoña lo hizo cuan presidenta consorte. “Yo ya estoy preparada. Va a ser lo que va a ocurrir”.

Cierto es que, desde el 21 de junio de 2015 en que fue presentada oficialmente en el teatro circo Price de Madrid, en un show made in Usa, con aquella gigantesca bandera española como fondo y ella vestida de rojo, no ha dejado de ser protagonista, imitando el estilo americano.

Aunque no se lo crean, me cuentan que le comentó a una amiga que su ejemplo a seguir era Michelle Obama. Como ella, también tenía dos hijas, Ainhoa, de once años, y Carlota, de ocho. Dos hijas también como Sonsoles, la esposa de José Luis Rodríguez Zapatero, Laura y Alba. O como Letizia, con Leonor y Sofía. Se sentía predestinada. Ninguna esposa de candidato había deseado ser tanto Primera Dama. Estaba dispuesta a hacer todo lo necesario para que su Pedro llegara a La Moncloa. A ninguna de las seis presidentas consortes se les había visto jamás el plumero. Todas ellas discretas y huidizas.

Amparo Illana nunca quiso serlo; Carmen Romero, tampoco; Pilar Ibáñez procuró que no le afectara tanto como a Amparo; a Ana Botella fue a la única que no le desagradó; Sonsoles, con su frase “no he hecho oposiciones para ser la mujer del Presidente” lo dijo todo. Y Viri, Elvira, la imagen de la discreción, del sentido común y la timidez.

Posiblemente, con el fracaso de su marido, el pasado sábado, Begoña se ha ahorrado pasar por el trance de abandonar Moncloa. Es muy duro, querida.

Estimado lector, si desea conocer cómo fueron y cómo se comportaron antes, durante y después, léase el delicioso libro de Ángeles López de Celi “Las damas de La Moncloa”, Espasa. A todas las conoció, las trató e incluso a alguna la sufrió durante los 32 años que estuvo al frente de la Secretaría de cinco de los seis presidentes de la democracia.

Pienso que quien no debería dejar de leerlo, es nuestra protagonista: Begoña que seguro le hubiera gustado ser la séptima.