Madre versus hija

A veces, los hijos se levantan contra los padres y los hermanos contra hermanos. No olvidemos a Caín y Abel. Pero no es frecuente que una madre, precisamente una madre, actúe contra una hija.

La noticia de la semana respalda una frase que yo publicaba no hace mucho: adopte usted una hija para esto. También me recuerda la frase de mi paisano Federico García Lorca cuando escribió que tener un hijo no es, precisamente, un jardín de rosas.

El último número de la revista Diez Minutos informa, ampliamente, que Isabel Pantoja se plantea demandar a Chabelita, la hija que adoptó en su día y que, al parecer, le ha salido rana.

La famosa y sufridora cantante, ante el comportamiento de la niña, le ha dado un ultimátum, a través de su abogado: O pone freno a los comentarios sobre ella ó que se atenga a las consecuencias. La próxima, demanda habrá.

Isabel entiende que sus empleados de “Cantora” la critiquen e, incluso, la traicionen. Pero lo de su hija “con entrevistas incendiarias contra ella, ha colmado la paciencia materna”.

Una cosa es que su hija quiera hacer caja especulando y vendiendo su vida privada, sus relaciones sentimentales, su embarazo cuando todavía era menor de edad, el nacimiento del bebé, sus sucesivos novios ó su futura boda. Pero otra, es que use a su madre, semana tras semana, como centro de sus críticas a golpe de exclusivas.

Para Isabel Pantoja, su hija ha cruzado la línea roja de la falta de respeto y consideración hacia ella.

La cantante lo tiene claro: si su hija no cambia de actitud, si continúa hablando de ella en los medios, se verá obligada a tomar medidas legales para terminar con lo que considera un auténtico circo mediático. Ella intenta que la niña cambie de actitud pero cree que no lo conseguirá.

Con respecto a Dulce, la niñera de la familia, que ha ido también largando en las televisiones y en revistas, descarta, según publica el semanario, llegar a un acuerdo extra judicial. Nada de actos de conciliación. Las medidas serán, si no rectifica, drásticas: una demanda. Que sea un juez quien de ó quite la razón. Hasta Kiko, igual que su madre, considera que hay un límite que todos han cruzado y echa las culpas a Dulce. A ésta, Isabel le pide 30.000 euros de indemnización por daños y perjuicios pero lo que busca no es dinero sino conseguir que no hable más.

Lo digo y repito: adopte usted una hija, para esto. ¡Que mala suerte, Isabel! Reconoce que yo prefiera un perro a una niña ... como ésta. Habrá quien diga que yo hablo por la herida. Pues también.