Aunque la mona se ponga corbata

Iñaki Gil escribía recientemente en Crónica de El Mundo un curioso artículo sobre la corbata de Pablo Iglesias, ese impresentable individuo que pretende engañar y confundir a todo el mundo con su permanente travestismo. No solo lo hace en sus discursos radicales e incluso contra la monarquía (“Si el rey quiere seguir siéndolo, que se presente a unas elecciones”) sino también en el atuendo.

El pobre diablo ha llegado a la conclusión que, presentándose con la corbata, que no tuvo la vergüenza y la deferencia de hacerlo en la audiencia con el rey, puede ayudar, según Iñaki Gil, para “conquistar a los mayores de 50 años y parecer más presidencialista”.

Para ello, se ha comprado una corbata catalana personalizada, un producto creado por Joseph Roca Salvos Maseda y Mónica Guillo Piñol. Se pueden adquirir en tiendas independentistas con ó sin esteladas.

Tengo más de 60 años y llevo corbata desde que tenía 6. A veces creo que, al nacer, rodeando el cuello no estaba el cordón umbilical que me unía a mi madre sino una corbata.

Siempre creí que esta prenda era un símbolo de los hombres de bien. Desde que este tipo ha decidido llevarla, aunque sea una “corbata catalana”, más bien va a ser que no.

A Pablete no le entiendo. Cuando hasta el The New York Times reflexionaba recientemente sobre “el menguante uso de la corbata entre la clase política mundial”, va este saltimbanqui de la política y decide que con ella puede engañar a “esa generación de la transición que se quedó en casa el 20D”, según el querido compañero de El Mundo.

Olvidan que todos los políticos, banqueros y miembros de la jet y hasta Felipe VI e, incluso, el presidente Obama han prescindido de la corbata ¿para parecer más jóvenes, más modernos, más progres?

Esther Vilaseca escribe en El País que “la ropa por primera vez parece disfrutar jugando al despiste”. Como la corbata del líder de Podemos. A él se le puede aplicar eso de que… aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

A estas alturas de la película, ¿a quien vas a engañar encorbatado? A mí, precisamente, no.

Dicen que la imagen y la ropa de los candidatos sirven para transmitir su identidad. Una corbata aflojada como la que le gusta lucir a Pablo es su último cambio: busca atraer el voto del centro. Ni que el centro fuera gilipollas. ¡Muchacho, corta y navega que vienen los vikingos!