Por una vez... no quiso dejarle solo

¡Quién se lo iba a decir! Nunca había pensado que el día del XII aniversario de su boda iba a “celebrarlo” entre pitos y abucheos a su persona. Aunque lo intuía, lo sospechaba, lo sabía, decidió afrontar este trago tan amargo como una carga ineludible del cargo.

Letizia, por una vez, no quiso dejarle solo ante el peligro y decidió acompañarle en el palco, por aquello de... en la suerte y en la desgracia. Al parecer ni el fútbol ni los toros entran dentro de sus aficiones. ¿Por qué ha tenido que coincidir el aniversario con este problemático partido?, se preguntaría.

No se trataba de una final cualquiera sino de una que lleva su nombre. Cierto es que los pitos y abucheos no fueron tan fuertes como en la anterior ocasión en la que se sumaron los de catalanes y vascos. Este año, no estaban estos pero si los de la estelada.

La celebración del aniversario de este año, nada que ver con la del pasado, el primero como reyes aunque tampoco fue como para tirar cohetes. Lo celebraron en El Pardo, presidiendo una jura de bandera de los guardias reales y una cena íntima.

El próximo fin de semana será otra cosa, diferente, aunque muy movido.

Por la mañana, el Desfile de las Fuerzas Armadas, seguido de la recepción en el Palacio Real. Por la noche, a las 20:45, en Milán, para asistir a otra final: la de la Liga de Campeones, entre el Real Madrid y el Madrid de sus dolores y sus amores, el Atlético.

¿Se daría cuenta durante el polémico partido del domingo pasado que una dama, rubia ella, se pasó casi todo el encuentro dormida o durmiendo y no quiero parafrasear lo que decía Camilo José Cela?

Lo curioso de esta dama en cuestión es que se trataba de la esposa del polémico Presidente de la Federación Española de Fútbol, Ángel María Villar. Con su actitud y aburrimiento, demostraba que no siempre la compañera tiene obligación de compartir las mismas aficiones del marido. Pero, lo que se dice bien, no resultaba. Fue la gran anécdota del partido.

Me pareció excesivo que los jugadores del Barcelona subieran a la tribuna a recoger el premio, llevando sobre los hombros o en los brazos a sus hijos, aunque, aparentemente, hicieran las delicias de Letizia, que llegó incluso a entregar la reproducción de la copa en pequeño a uno de los niños.

Confundieron la tribuna real con una guardería. Bien está que invadan el campo y que los niños jueguen, corran y disfruten con el triunfo de papá. A pesar de encontrarse, no precisamente, en horario infantil, ya que era media noche. Y a esa hora, deberían estar en la cama.

Pero de ahí a violentar el protocolo, resultaba un tanto sorprendente. Como sigamos así, también irán las mamás y, ¿por qué no? el resto de las familias. No es serio.