José Tomás (¿republicano?) no le brindó su toro al Rey

El pasado sábado, 7, José Tomás cortó tres orejas y rabo en la corrida de la Feria del Caballo, en Jerez de la Frontera. Lo hizo con toros de Núñez del Cubillo. Pero causó sorpresa que fuera el único de los tres matadores (los otros dos eran José María Manzanares y Juan José Padilla) en no brindar la muerte de su primer toro al rey emérito. Aunque no es obligado, es una tradicional deferencia al primer aficionado español que, en esta ocasión, como casi siempre, asistía, desde una barrera, acompañada de su hija, la infanta Elena y de su nieta, Victoria Federica, dos grandes aficionadas.

Es tal la tradición de este brindis, que el rey no se olvida nunca de llevar el regalito, un llavero de plata ó gemelos, con el escudo de la Casa Real, para corresponder a los brindis de cortesía. Pero no es la primera vez en la que sale de la plaza con uno de esos regalos en el bolsillo.

Fran Rivera fue el otro torero que se negó a brindar al rey la muerte de su primer toro. Ya lo contamos en esta columna el pasado 28 de marzo.

Hablando del regalo real, nada que ver los de ahora con los de antes. No solo pitilleras de plata sino hasta 600 puros habanos a cada uno de los toreros. Lo hizo el rey Amadeo a Frascuelo, a Currito y a Lagartijo, que era republicano.

A propósito de ello, en el magnífico programa de Telecinco ‘Mi casa es la tuya’, Fran Rivera mostró a Bertín Osborne los regalos que su abuelo, el gran Antonio Ordóñez, había recibido de don Juan Carlos, cuando le brindaba un toro. Fueron muchos porque muchas son las pitilleras de plata que vimos en la vitrina en su finca de Ronda. Nada que ver con el regalo real de hoy, repito.

Lo de las pitilleras era casi una tradición. Mario Utrilla cuenta la historia del brindis y el regalo de Alfonso XIII en la corrida de la despedida de Vicente Pastor, en 1928: “Por el rey de España, por el primer madrileño a quien el más humilde de los hijos de Madrid tiene el honor de brindar el último toro que mata”. Cuando el rey le devolvió la montera, dentro había una tarjeta: “Vale por un recuerdo mío. Sube al palco”. Cuando el torero lo hizo, Alfonso XIII le entregó una pitillera de plata con una condición: devolverla si se le ocurría reaparecer. Como suele ser frecuente en muchos toreros, con retirada de ida y vuelta.

No todos los toreros han sido tan descorteses como José Tomás y Fran Rivera. La mayoría no solo le han brindado el toro al rey sino que lo han hecho en términos que van más allá del taurino ¡va por usted!

Inolvidable el de Rafael de Paula, en 1988, en la última corrida de la Beneficencia, en el madrileño coso de Las Ventas: “Señor, es para mi un gran honor brindarle a usted la muerte de este toro. Le deseo toda la suerte del mundo para usted y para España. Ahora, deséemela usted a mi, a ver como escapo yo de este toro”.

En la corrida de Beneficencia del 4 de junio de 2014, El Juli le brindó su toro al rey con estas palabras: “Majestad, por ayer, por hoy y por siempre por dignificar nuestra fiesta”.

En la del 2015, Miguel Abellán hizo toda una declaración de sus sentimientos hacia don Juan Carlos: “Es un orgullo ser torero, español y juancarlista”.

Los brindis de los tres matadores en la plaza de toros de San Sebastián, el 13 de agosto de 2015, fueron reivindicativos. Enrique Ponce: “Para mi siempre es un verdadero placer brindarle un toro pero hoy, Señor, me hace especial ilusión porque su presencia no solo dignifica y defiende abiertamente la fiesta de los toros sino también las tradiciones y la cultura de un pueblo y un claro gesto por la democracia y la libertad”.

José María Manzanares: “Majestad, es un orgullo verle a usted y a su familia hoy aquí con nosotros, en una tarde muy especial para la tauromaquia. Viva España y ojalá los toros sigan por mucho tiempo”.

Ángel López Simón: “Majestad, va por usted y por la libertad”.

Por su parte, el mejicano Joselito Adame, en el primer brindis a Felipe como rey, en la Feria de San Isidro en la tarde del 8 de mayo de 2015, demostró una ingenuidad y un desconocimiento de la “afición” del actual soberano, al decirle en el brindis: “Señor, son momentos difíciles para la Fiesta. Ojalá gente como usted nos pueda ayudar a sacarla adelante”. Se olvidó de decirle “con ayuda de Letizia”, tan antitaurina como doña Sofía, con decir que las fotografías de la inefable consorte en una plaza de toros son muy escasas. Como las de su suegra, que son de cuando era princesa.

La primera vez que Felipe asistió a una corrida ya como rey, fue en la Feria de San Isidro y sin Letizia. Le acompañaban Palomo Linares y Dávila Miura.

Había que recordarle a la consorte el poema de Rafael Duyos:

La reina se queda en casa

pretextando una jaqueca

los toros le asustan.

¡Vaya!