El rey que tocaba el culo

Muchas mujeres consideran que el trasero es la parte más valiosa de su cuerpo, hasta el extremo de que, una famosa cantante pop española, que, en su día posó totalmente desnuda, con todo el felpudo al aire, se negó, no obstante, a que la fotografiaran por detrás porque “mi culo vale mucho más”.

Item más: la desvergonzada Sarah Ferguson, esposa adúltera que fuera del príncipe Andrés de Inglaterra, en su primera comparecencia pública, con motivo del anuncio del compromiso matrimonial, ante la pregunta indiscreta de un reportero sobre si no tenía complejo de estar tan rellenita, declaró con todo descaro: “Tengo mucho por delante y lo suficiente por detrás para hacer feliz a un hombre con mi culo”. ¡Toma ya!

Estas reflexiones no son gratuitas ni una frivolidad del columnista. Me las ha recordado el protagonismo del rey Carlos Gustavo de Suecia esta semana, por su 70 cumpleaños, festejados con la asistencia de todos los reyes europeos. Incluso los eméritos de España, Juan Carlos y Sofía, a los que hacía mucho tiempo no aparecían juntos. Mejor no haberlo hecho en Estocolmo, donde ni hablaron ni se sonrieron.

Pero volvamos a Carlos Gustavo, quien ha sido noticia en diversas ocasiones, no por sus actuaciones institucionales como rey sino por sus comportamientos personales. Estos le hacen ser objeto de las críticas más despiadadas de la prensa. Con motivo del cumpleaños, ha reconocido en televisión “no hacen más que burlarse de mí. Estoy enfadado. Despotrico contra ellos y lo siento”.

Las críticas son con toda razón. No es de recibo ver a un rey reinante, de un país tan importante como Suecia, posar su muy real mano en el espléndido culo de la cantante Helena Paparizou, ganadora del cincuenta Festival de Eurovisión.

Sucedió cuando la cantante visitó a la Familia Real para actuar en el cumpleaños de la princesa Victoria. Carlos Gustavo lo hizo como el que no quiere la cosa, dejando caer su mano tonta a lo largo de la espalda de la joven, para posarse en la blanca y rotunda colina del culo.

Los periodistas suecos, entonces, escribieron que “la cantante se quedó en estado de shock pero también ¿contenta? ¿A cuántas damas les gustaría que regresara el derecho de pernada real?”, preguntaban.

Los periódicos nórdicos destacaron en sus crónicas que la mirada de la reina Silvia a su esposo fue digna de recordarse. Cuando se publicó la fotografía, un portavoz de palacio explicó que “la mano del rey había resbalado accidentalmente”.

Este ha sido uno de los múltiples “accidentes” de la vida extra conyugal del simpático y mujeriego rey “Monarca a su pesar” (título de un polémico libro sobre los avatares sexuales de Carlos Gustavo) quien ha tenido la humildad de reconocer “la reina y mi familia me han perdonado”.

Cierto es que un rey no tiene por qué ser un hombre inteligente, salvo excepciones. No me pidan nombres porque, a lo peor, no los encuentro. Por supuesto, entre estos no está el de Carlos Gustavo.

Aunque no suele hablar mucho, debido a la timidez a causa de la dislexia, cuando lo hizo, mejor hubiera estado callado. Con su mejor intención metió de nuevo la pata. Sucedió exactamente hace diez años, con motivo de sus sesenta cumpleaños. Aquel día quiso desvelar el secreto de por qué el amor por su esposa, la reina Silvia, seguía tan vivo y tan joven, a pesar de los escándalos de su vida, relatados en el citado libro.

El secreto, según el rey, consistía en “no hablar nunca con tu mujer de cosas importantes”. ¡Vamos, como si la reina u otra reina ó cualquier mujer de su casa fueran tontas!

Como pueden imaginarse, y con razón, los comentarios de las feministas y no feministas fueron terriblemente mordaces contra el soberano.

Es una gran desgracia no tener bastante talento para hablar bien ni bastante oficio para callar. Se sea rey ó no.

Aunque pueda sorprender, el caso es que el pueblo sueco le tiene cierto afecto, por considerarle una buena persona. Además, se preguntan: Si la reina y su familia, directamente afectados, le perdonan, ¿quiénes somos nosotros para no hacerlo?

Lo peor de su historia fue primero las bacanales con prostitutas en el apartamento que también lo hacía su abuelo y la amante, una cantante sueca, que hizo sufrir mucho a la reina Silvia, como otros muchos reyes a sus esposas. Y es que todas ellas deberían aprender de la reina por excelencia, Isabel de Inglaterra, que también estos días ha celebrado su cumpleaños, nada menos que 90. Ante las infidelidades de su esposo Felipe, siempre dijo lo mismo “No le pido fidelidad sino lealtad”. Si eso le consuela, es su problema.