“La historia antes nunca contada”

Por lo general, un Rey no suele escribir sus memorias cuando ha abandonado el trono. ¿Se imagina alguien a don Juan Carlos escribiendo sus recuerdos? Serían apasionantes y apasionados pero no sería de recibo. Como no lo fue que la reina Federica lo hiciera. No se lo perdonaron los griegos.

En este terreno, la Casa Real española es tan estricta que Felipe prohibió a Letizia escribir, incluso, un diario de su nueva vida. Ignoro si le hizo caso. También sería muy interesante conocer por ella misma, como una mujer divorciada, de polémico pasado y, además, nieta de un taxista comunista e hija de una sindicalista de izquierdas, logró, no sólo entrar en una familia real, sino hacerse dueña absoluta del cotarro, después de conseguir desembarazarse de quien no le quería: el suegro.

Estas reflexiones me las inspira la noticia del libro de memorias que el rey Constantino de Grecia está escribiendo.

Dicen que es “la historia nunca antes contada”.

Pregunto: ¿hablará de su traición a Grecia, pactando con los coroneles? ¿También de la responsabilidad de su madre, la reina Federica, en la caída de la Monarquía griega?

La reina Sofía reconoce que “era muy política”. “Igual que yo. Decían que le gustaban las intrigas, que manejaba los hilos por detrás… “

Posiblemente, por ello se abstuvo (o le pidieron) no estar presente en la proclamación de don Juan Carlos como rey de España.

“No vino a Madrid para que no empezaran a hablar de su influencia sobre el yerno con la misma ignorante crueldad con que lo dijeron del hijo, de mi hermano Tino. Había, no solo en Grecia, sino esparcidas por ahí, muy mala opinión de la reina Federica. Desde que murió mi padre, el rey Pablo, empezó una campaña infame sobre mi madre” (Doña Sofía a Pilar Urbano en el libro “La Reina”, Plaza y Janes 1998).

¿Aclarará Constantino todo esto? ¿Conoceremos por qué no se habla con su cuñado el rey Juan Carlos a quien no ve desde hace años, cuando la presencia de los “griegos” era constante en los veranos en Marivent? No es difícil suponerlo. La malísima relación del matrimonio ha podido ser el motivo. Aunque el Rey español nunca le tragó.

Todavía recuerdo, como lo recordará Pablo Sebastián, presente como yo, en las exequias de la reina Federica, la desagradable sorpresa del Borbón cuando vio al cuñado pronunciando un mitin sobre el capó de un coche en el cementerio de Tatoi, después de enterrar a su madre, obviando las estrictas condiciones impuestas por el gobierno griego. No solo para autorizar el entierro sino la presencia de Constantino, a quien se le prohibió realizar declaración alguna.

Las largas, complicadas y humillantes negociaciones fueron culpables de que el cuerpo de Federica permaneciera insepulto, en una sala de La Zarzuela, durante… seis días. “¿Por qué no se le entierra debajo del hórreo? Llegó a sugerir el general Sabino, con cáustico sentido del humor asturiano, cansado de la paralización de las actividades de la Casa.

¿Contará también Constantino sus negocios con la periodista Selina Scott, autora de la entrevista con don Juan Carlos que tantos problemas originó? ¿Y de los negocios con el blindaje de los coches de La Zarzuela que no resultaron tales?

De todas formas, en la medida que doña Sofía ha ido alejándose de don Juan Carlos (o este de ella) se ha ido acercando a su hermano, a quien visita en su nueva residencia en el Peloponeso, donde ella acabará residiendo. En España ya no tiene razón para vivir.

No me resisto a contar aquí el incidente de la Reina con el presidente Karamanlis. Sucedió con motivo de la primera visita oficial de uno de los mayores enemigos de la Monarquía griega, junto a los Papandreu. Para entonces, Constantino había sido ya desposeído hasta de su nacionalidad, títulos, tratamientos y honores para ser solo un ciudadano, por decisión del gobierno de Karamanlis, quien, en el trascurso de la cena de gala en el Palacio Real, cometió el error de preguntar a doña Sofía, sentada junto a él, por… su hermano.

La Reina, haciendo alarde de una total descortesía, impropia de ella, impropia de una anfitriona, ni le contestó, dándole la espalda y mirando ostensiblemente hacia otro lado.

No podemos olvidar que, aunque fue Reina consorte de España, nació griega como Melina Mercouri y griega morirá.