La culpa… del Rey

El domingo España celebró, vacacionando, el trigésimo séptimo aniversario de la Constitución. Durante estos casi cuarenta años de democracia, tanto la derecha como la izquierda han respetado lo que constituye el espíritu de la concordia y de la convivencia entre españoles.

Aunque no es una Constitución perfecta, nadie, a pesar de los distintos signos políticos, se ha atrevido no a reformarla ni tan siquiera a enmendar algún artículo.

Siempre ha habido y sigue habiendo un temor, un miedo a abrir el melón constitucional. ¿Por si se cuestiona el tema de las Autonomías? ¿Por si se aprovecha esta reforma para cambiar el país? Y lo que es más importante, ¿por si se pone en discusión la forma de Estado, sobre la que los españoles nunca se pronunciaron?

Porque, el 6 de diciembre de 1978, 15.706.078 (88,54%) de españoles dieron un “sí” aplastante a la pregunta: ¿Aprueba el Proyecto de Constitución? Hasta el PC pidió el voto favorable.

Se trataba de un paquete en el que iba incluida la forma de Estado, la Monarquía.

Después de casi cuarenta años, muchos españoles se quejan por no haber sido preguntados sobre este particular, concretamente.

Lo que siempre me ha sorprendido de la Constitución del 78, actualmente vigente, es el artículo 57.1 sobre el orden sucesorio: “La sucesión en el trono seguirá el orden regular de primogenitura y representación siendo preferida en el mismo grado el varón a la mujer”.

Se trata de la única Constitución europea que discrimina a la mujer con ese artículo tan machista.

Siempre se culpó a los padres de la Constitución de esta discriminación, a los siete redactores de la Carta Magna: Gabriel Cisneros, Miguel Herrero de Miñón y José Pedro Pérez Llorca de UCD; Gregorio Peces Barba del PSOE; Jordi Solé Tura del PCE; Manuel Fraga Iribarne de Alianza Popular; Miguel Roca Junyent, de la Minoría Catalana.

No es exactamente así. Fue el propio don Juan Carlos, Su Majestad el Rey, quien sugirió a estos padres de la Constitución que mejor designar al príncipe Felipe como heredero por encima de Elena quien, como primogénita, tenía todos los derechos. Si se hubieran mantenido estos, reina sería hoy la infanta Elena.

Exactamente lo mismo hizo el rey Carlos Gustavo de Suecia con su hija Victoria. Aunque nacida primogénita, al venir al mundo un segundo hijo que resultó ser varón, Luis Felipe, su padre le designó heredero aunque Victoria lo era ya oficialmente. De no haberse impuesto la primogenitura, reina consorte, en su día, sería una stripper.

Pero, ni Suecia es España ni la Monarquía sueca la española, por lo que el gobierno obligó al Rey a mantener a su hija como heredera en detrimento de su hermano, para mayor disgusto del soberano.

Pero don Juan Carlos tenía sus motivos: creía que su hija no estaba lo suficientemente capacitada para asumir, en su día, el trono de España.

No hay que olvidar que, por aquella época, el general Sabino Fernández Campo acompañaba a la Infanta a un especialista. El periodista Jesús Cacho interpretó que el Jefe de la Casa se encontraba en tratamiento.

Por todo ello y mucho más, es obligado la reforma de este ofensivo artículo en el que se discrimina a la mujer. Inadmisible en los tiempos de igualdad de los derechos entre ambos sexos. Menos en la Constitución… española. Hasta en el Reino Unido se ha reformado la Ley de la Corona para respetar la primogenitura. Como en Dinamarca, en los Países Bajos, en Noruega, en Bélgica y en Luxemburgo. Mónaco y Liechtenstein son la excepción. Hasta ahora, también España.