Los bufones de la corte de Felipe VI

En toda monarquía que se precie, existen siempre, aún en nuestro tiempo, bastardos y bufones. La española no podía ser menos.

Para empezar, tenemos un bastardo, que se sepa, el buenazo de Leandro Borbón Ruiz Moragas, el único hijo, todavía vivo, del rey Alfonso XIII, soberano que llenó de bastardos Madrid.

El propio Leandro ha reivindicado la palabra bastardo, no como insulto sino como una definición aplicable, tan solo, a hijos nacidos fuera del matrimonio de un rey.

A don Juan Carlos han querido endosarle también no uno sino dos bastardos: una chica, hija de una belga y un chico, hijo de una dama catalana. Los dos sin fundamento.

Yo sé, por el general Sabino Fernández Campo que tanto conocía la vida más íntima del Rey, que amantes, todas las que se quiera y más, pero bastardos ninguno.

Los bufones eran también otra seña de identidad de las monarquías reinantes. Incluso aparecen en algunos de los mejores cuadros, como en el caso de Velázquez.

En uno de los primeros viajes del rey Juan Carlos a Perú, el personal y hasta la prensa se extrañaron que, al descender el Rey del avión, en el aeropuerto de Quito, no fuera precedido por sus bufones y enanos. Haberlos haylos. Antiguamente, actuaban en banquetes y fiestas. Hasta un bufón, el francés Triboulet, sirvió de inspiración a Victor Hugo “Le roi s´amuse” (El rey se divierte), en el que Verdi se inspiró para su ópera Rigoletto.

Algunos bufones, como Archibald Armstrong, fueron expulsados de la corte de Jaime I por insultar demasiado a demasiada gente.

Y Carlos I de Inglaterra empleó a un bufón, llamado Jeffrey Hudson, en el que coincidían las dos figuras de la corte: el bufón y el enano, por lo que fue distinguido con el título de “Enano Real”.

En España los bufones fueron vistos con el desafecto natural a una profesión que, muchas veces, conducía a un favoritismo de baja estofa, germen de malas acciones, intrigantes y mordaces.

Aunque el bufón, como institución de corte, murió en el siglo XVIII, hoy han sido sustituidos por los políticos, como estamos viendo estos días en cada uno de los programas de televisión.

Los políticos son los auténticos “Bufones” de la corte de Felipe VI.

Nunca hasta ahora, se habían visto tantas bufonadas protagonizadas por políticos. De la derecha, del centro y hasta de la extrema izquierda. Menos el Presidente del Gobierno que, al parecer, no tiene gracia, ni descaro ni desvergüenza para ser un bufón.

Vergüenza da verles hacer el ridículo, compitiendo entre ellos con el más difícil todavía circense.

Afortunadamente, todo esto terminará el próximo 20 de diciembre. Algunos se avergonzarán, entonces, haber hecho tanta bufonada para nada. Y los que ganen, mejor olvidarlas.

Cierto es que el rey Felipe VI no necesita de bufones. Ya tiene a los políticos y también a ciertos periodistas.