Doña Sofía y la Marcha Verde

Doña Sofía que fue siempre una cabeza política sin voluntad de poder, pero omnipresente aunque discreta, tuvo parte muy activa en muchas de las decisiones que se tomaron en La Zarzuela. En algunas, fue el auténtico motor aunque nunca al estilo de su madre, la reina Federica. Jamás dijo o hizo nada censurable ni impopular. Muy al contrario.

Sorprende conocer que la Reina, sobre todo en la época en que era Princesa y la pelota aún estaba en el tejado, no solo compartía las preocupaciones propias de la situación en expectación de destino sino que aportaba sus puntos de vista en la toma de decisiones.

Sobre tales decisiones, aunque solo fueran del Príncipe, más tarde del Rey, ella también se sentía en la obligación de opinar y aportar su grano de arena que, en muchos casos, fue decisivo.

Hoy, esto puede parecer una intromisión pero no hay que olvidar la soledad y el aislamiento en que se encontraba, entonces, don Juan Carlos en La Zarzuela, en espera de lo que le quisieran informar o pedir. Que así se las gastaba el general y su “tropa”.

Un ejemplo de lo que digo, por muy difícil e increíble que pueda parecer, lo tenemos en la muerte de Carrero Blanco, el 20 de diciembre de 1973. Fue doña Sofía la primera en dar la noticia al Príncipe. ¿Verdad que resulta difícil de creer? Pero así fue.

Aquella mañana, la Princesa, como venía haciendo todos los días, llevó a las Infantas al colegio. Mientras conducía, oía la radio del coche, casualmente la frecuencia de la policía. De repente, oyó la noticia del atentado. Después de dejar a sus hijas en el colegio, regresó rápidamente a La Zarzuela para comentar con su marido el terrible suceso. Pero, cuando entró en el despacho del Príncipe, se encontró con que éste estaba reunido con el cardenal Jubany, que hacía días tenía concertada la audiencia.

La sorpresa de doña Sofía fue grande al comprobar que nadie se había molestado en informar a don Juan Carlos. Fue ella quien le comunicó lo que acababa de oír. Cuando lo estaba haciendo, sonó el teléfono. Lo que le dijeron a don Juan Carlos ya lo sabía por… su esposa.

El 1 de noviembre de 1975, ante el avance de la “Marcha Verde” marroquí hacia El Aaiún, se reúnen en el despacho del Príncipe, en el palacio de La Zarzuela, altos jefes militares que estudian con él la manera de afrontar el problema que amenaza a la guarnición española en el Sahara. Cuando se está debatiendo que hacer, entra doña Sofía. Unos piensan que don Juan Carlos es general desde que fue nombrado Príncipe de España. Como tal, tiene que viajar al Sahara para compartir con el ejército español allí destacado, la inquietud y demostrar a los soldados que, aunque lejos de España, no están solos.

Algunos de los presentes, como el marqués de Modéjar, se oponen tajantemente. “Es un disparate, una barbaridad”, dice. Otros, están de acuerdo.

Pero es la princesa Sofía la que, con una sola frase, pone a todos de acuerdo: “Los generales deben estar con sus tropas” y le pide a don Juan Carlos que se lo ofrezca como regalo, ya que el 2 de noviembre, fecha fijada para el delicado viaje, es el de su cumpleaños.

Cuando el Príncipe regresó “la Princesa le recibió con un emocionado abrazo. Estaba eufórica”, confiesa el general Armada en sus memorias.

Como se recordará, este gesto del viaje de don Juan Carlos, hizo abortar la Marcha Verde, ya que el rey Hassan, en conversación telefónica con el Príncipe, le informó que había dado órdenes de retirada.

¿Tuvo o no razón la entonces Princesa en aconsejar aquel viaje?

Pienso que la visión política de doña Sofía está fuera de toda duda, aunque a algunos les pueda parecer que se trata de una intromisión. Ella conocía el riesgo de aquel viaje para su esposo, pero supo dónde tenía que estar quien había sido llamado a ser, un día, Rey de todos los españoles.