La familia de la Reina en el banquillo

Todo hijo de vecino, de Letizia abajo todos, tenemos parientes, familiares y familia, aparte de los que llevan el mismo apellido aunque no tengamos nada que ver con ellos. En la guía telefónica de Madrid hay, incluso, más de 300 con el apellido Borbón.

A los parientes, a veces, ni les conocemos. Otra cosa son los familiares, tíos, tías, primos y primas en segundo grado. Y la familia. ¡Ay! la familia.

Tanto Jesús Ortiz Álvarez, María del Carmen Álvarez del Valle y Henar Ortiz Álvarez lo son como padre, abuela y tía de la Reina consorte.

Ver a los tres pero, sobre todo, al padre de la Reina, sentados en el banquillo en el Juzgado de lo Penal de Oviedo, para responder a un delito por el que le piden para cada uno dos años y seis meses de cárcel, ha debido ser muy fuerte, muy doloroso para Letizia. No tanto como el suicidio de su hermana Erika pero si vergonzoso. No por la cuantía sino por el escándalo.

Cierto es que los Borbones no podrán echar en cara ni reprocharle a la consorte la conducta de su familia. Muchísimo peor la del Rey. Si papá, la abuela y la tía se han sentado en el banquillo por una miseria de 22.000 euros, Cristina e Iñaki lo harán para responder a los millones de euros de dinero público con el que se beneficiaron. Si todas las familias felices se parecen, cada familia desdichada lo es a su manera, como decía Tolstoi. Más bien va a ser que sí.

Aunque es la primera vez que el padre de una Reina se sienta en el banquillo, una heredera y futura Reina como Victoria de Suecia no lo hizo, ante la imposibilidad de imputar a cualquier miembro de la familia real del país escandinavo. En este caso el delito era soborno: haber aceptado un viaje de ensueño como regalo de bodas, valorado en más de un millón de euros, a cambio de favores al empresario que lo pagó. Las denuncias y la indignación llovieron sobre la casa real. Pero, como hemos dicho, no pudieron sentarla en el banquillo.

En el Reino Unido, Sarah Fergusson, la ex del príncipe Andrés, tuvo que responder, en este caso sí, ante un juez por su negativa a pagar una factura de 115.000 euros a una firma de abogados y aceptar un soborno a cambio de contactos comerciales, valiéndose del nombre de su ex marido.

Ítem más: Ernesto de Hannover, todavía marido de Carolina de Mónaco, tuvo que responder ante un juez que le condenó a pagar 400.000 euros por agredir al propietario alemán de una discoteca en Kenia, cuyo ruido le impedía dormir.

Y en la casa real belga, el príncipe Lorenzo, hijo menor de Paola y Alberto, tuvo que declarar por haber desviado fondos de la Marina, de la que era alto oficial, en propio beneficio para gastos personales.

No podía faltar la inefable Mette Marit de Noruega cuyo padre biológico Sven Hoiby, tras la boda de su hija con Haakon, acabó en los tribunales por haber vendido a los medios su boda con una bailarina de striptease y recibir dinero para actuar como señuelo de unas fotos privadas de su hija, Mette Marit.

Y la propia Princesa tuvo que declarar ante un tribunal en una encarnizada disputa por una herencia entre su madre y dos hijastros, hijos de su segundo marido, a los que se encontraba enfrentada. La madre sostenía que un 30% de la residencia estival era de su propiedad y fijaba en unos 275.000 euros el precio a pagar para hacerse con el total de la casa mientras que los hijastros defendían que el porcentaje era solo del 20%. El padre biológico de Mette Marit estaba divorciado de su mujer, tras una serie de escándalos que acabaron en los Tribunales.

¡Familia eres el lugar de todos los vicios de la sociedad. También en las familias reales!