Aún no han nacido

… y ya los están vendiendo, ya los han vendido.

La inefable pareja compuesta por el torero Francisco Rivera y la abogada Lourdes, que en esto de vender exclusivas ha aprendido rápidamente, se dice que presuntamente llevan ganados ya más de… 80.000 euros, a propósito del embarazo de la joven. Pero, sobre todo, del nombre con el que la niña, otra exclusiva fue el sexo, recibirá en el bautizo.

Nadie como ellos han sabido dosificar la expectación de cómo se llamará. Nada menos que cinco grandes reportajes. Que si Carmen… que se llamará como yo… mejor como mi tía… que si Manuela…  que si Catalina… más tarde Daniela o mejor Tana… que no hay nada decidido.

Hasta que la tía de la criaturita, la hermanísima de la embarazadita, con más cara que la barriga de Lourdes, soltó la bomba. Previo pago: Carmen. ¡Una vergüenza!

El 9 de marzo de 1988, Alfonso Ussía ponía el dedo en la llaga, a propósito de esos padres dispuestos a poner precio a los hijos a punto de nacer, en un artículo titulado: “Tráfico de niños”, merecedor, cuando menos, de un Cavia. Sin rodeos ni disquisiciones literarias, abordaba el tema brutalmente desde la primera línea.

Y se refería a esos padres, como los protagonistas de esta historia, que mercan, venden, negocian con el hijo que aún no ha nacido. “Niños que todavía no saben ni cuándo van a ser concebidos, están ya hipotecados”. Incluso recién concebidos. “Comercializan el Orinoco materno sobre la rana. La posterior muerte de la rana y hasta el mismísimo análisis de Papanicolau”.

Cuando nazca esta niña, “ombú mitad jara Macarena, la venta no habrá si no empezado”, escribía Alfonso.

Porque sus padres, Francisco y Lourdes, lo tienen todo atado y bien atado. Y todo el pescado vendido. A esa pobre niña inocente que no ha nacido aún, la van a llenar de besos fotográficos y posturas de mamancias sosegadas. Vamos a fiscalizar su vida desde la misma incubadora. No va a tener tiempo ni para escuchar una canción de cuna cantada por la cálida voz de su interesada madre.

Mercar con los niños es ejercicio repugnante. Bastante tienen con nacer y no llorar ante la presencia de sus padres mercaderes. El dinero que de ellos venga, es dinero sucio, como dinero estúpido es el de los famosos que nada tienen que contar y demasiado cuentan… previo pago, of course.

No puedo menos que recordar aquí y ahora a aquel niño norteamericano, hijo de famosos, que, cuando alcanzó la mayoría de edad jurídica, llevó a los tribunales a sus padres por haber negociado la venta de exclusivas sobre su vida cuando solo era un bebé y, lógicamente, sin su consentimiento. Los tribunales le dieron la razón y condenaron a papá y a mamá. Tiempo al tiempo…