Una familia “normal” como usted y como yo

Siempre recordaré con horror aquella monstruosa y monumental campaña propagandística bajo el nombre de XXV Años de Paz del régimen franquista en 1964. Hasta los componentes del Grupo 13 fueron “invitados” a participar en el concurso para crear el logo. Resultó ganador Julián Santamaría con un dibujo con las letras de la palabra PAZ en un fondo de cinco colores planos y que tuvo su correspondiente versión en castellano, catalán, euskera y gallego. Con aquel dibujo nos estuvieron dando el coñazo no solo a lo largo de aquel año sino muchos más.

Desde entonces, me aterran las conmemoraciones de los aniversarios. Antes eran los veinticinco pero hoy no se espera llegar a esa cifra ¡por lo que pueda pasar! Ni a los veinte ni a los diez...

Don Juan Carlos, incluso, se negó a los cincuenta. Que eran sus bodas de oro. Cierto es que no había nada que celebrar ni tan siquiera recordar.

Pero estos días, concretamente el 19, hemos padecido la conmemoración del primer aniversario de la proclamación de Felipe como rey. Toda la prensa se ha volcado en grandes coberturas especiales bajo un denominador común: las imágenes institucionales, facilitadas por la propia Casa Real, ridículas, babosas y cortesanas, intentando presentar a la Familia como una familia normal, en un día de trabajo.

En una jornada laboral, llegando papá a casa, donde le esperaba la esposa y sus preciosas hijas, preguntándose entre abrazos como le había ido el día.

Hasta aquí todo lo normal que la Casa pretendía que fuera. Pero, con pequeñas diferencias: papá descendiendo de un helicóptero, que el mismo había tripulado, en el propio jardín de la casa. Porque no venía de la oficina, ni mucho menos, sino de Aquisgrán, donde había entregado los premios Carlomagno. Y juntos, papá, mamá y las nenas se dirigen a casa por el jardín, hablando, como dice David Gistau en ABC, “de Carlomagno y el Sacro Imperio Romano. ¡Cáspita! Podría tratarse de cualquiera de nosotros. Podría tratarse de cualquier persona de nuestra generación. De cualquier familia contemporánea de los nuestros. ¿De verdad somos tan parecidos?”

Corta y navega que vienen los vikingos. ¿A quién se le habrá ocurrido tan ridículo reportaje? ¿Creerían que con él acercaban a Felipe VI y su familia a las familias españolas? ¿Pensarían que, contemplando estas imágenes, se identificarían con una familia tan cual parecida a ella?

Ni esto ni pasearse por Malasaña, bebiendo cerveza a morro, en los bares del barrio se consigue acercar la Monarquía a los ciudadanos. Lo más, que el camarero que les sirve les advierta “Quiero que sepan que soy republicano”. A lo peor, como muchos españoles contemplando estas imágenes.

Vuelvo repetir las palabras del emperador de Japón: “No tenemos que descender de donde estamos sino ser ejemplares.” Lo demás, es pura demagogia y barata.