La Reina se vuelve a equivocar

Y van ya… De nuevo, ha vuelto a dar la nota demostrando falta de la profesionalidad que siempre le atribuyó el Rey, su esposo. Fue lo único bueno que dijo de ella. Incluso en los mejores tiempos. Si es que los hubo.

Cierto es que ser Reina y madre no es fácil en una familia dividida en la que todos están enfrentados. Intentar que no lo parezca y no se hunda aún mucho más, no solo es difícil sino imposible.

Pienso que en el caos en que se ha convertido lo que queda de la Familia Real, a doña Sofía se ha faltado intuición para saber estar. A lo peor, no. La frase de Pascal de que el corazón tiene razones que la razón no entiende, se le podría aplicar. En el caso de la Reina, tal vez sea verdad. Tal vez no.

En la actitud de doña Sofía en este drama familiar existen cosas que, simplemente, no tienen explicación. Actitudes masoquistas a las que no se encuentran respuestas. Actitudes que no justifican el comportamiento descontrolado de sus sentimientos.

Lo puso de manifiesto al forzar una visita, con toda la familia, incluido los Urdangarin, a la clínica en la que don Juan Carlos se encontraba. Sin importarle que la causa fuera una caída en Botswana cuando estaba en compañía de su amante Corinna. A pesar de ello antepuso lo que ella creía una obligación por encima de una devoción humillada públicamente.

Peor fue su viaje a Washington no solo para ver a su hija Cristina y a su yerno Iñaki (“un joven bueno, bueno, buenísimo”, en propia expresión) sino para fotografiarse en la portada de Hola, con una actitud felizmente provocativa y desafiante que nadie entendió. Hacía solo unas horas que el rey don Juan Carlos les había apartado, oficial y públicamente, de la Familia Real.

Aquella imagen era como un desafío con el que parecía demostrar no estar de acuerdo con la decisión real. Cierto es que no se puede romper lo que no existe pero aquel gesto hubiera justificado una ruptura matrimonial.

Como esta pasada semana, una ruptura con su hijo don Felipe al viajar a Ginebra para estar junto a su hija Cristina y su yerno, después de que Felipe VI le desposeyera del Ducado de Palma, en una polémica operación que se ha vuelto contra el propio Rey, a quien su hermana ha dejado por embustero, declarando que no ha sido él quien le ha retirado el Ducado sino ella la que había renunciado, once días antes, exactamente el 1 de junio en una polémica carta. Algo así como a mí no me echan, soy yo quien se va.

Ha sido el regalo envenenado de su hermano en su cincuenta cumpleaños.

Pero allí estaba mamá para consolar a su hijita ante el atropello de su hermano Felipe.

¿Qué le queda ya a doña Sofía como no sea su hermana, la princesa Irene, enfrentada, como está, a todo el mundo a pesar de su buena voluntad?