Le dejó solo…

… ante los pitos y los insultos. No estaba dispuesta a aceptar la parte alícuota que le debería corresponder. Hay que estar a las maduras pero también a las duras. A las cargas del cargo.

Pero era fin de semana en los que ella no trabaja. A lo peor, prefirió disfrutar con sus amigas cortesanas del éxito de su viaje a Honduras y El Salvador, donde ha actuado como una Evita Perón cualquiera, resucitando una imagen ya olvidada en esos países tan pobres.

Mientras, su marido soportaba, con los puños apretados y el gesto impertérrito, tal parecía el rey pasmado (Emilia Landaluce dixit), como 100.000 ciudadanos le demostraban, con pitidos e insultos, que no le quieren.

Junto a él y con una media sonrisa malévola y satisfecha el impresentable presidente Artur Mas.

Cierto es que Felipe no estaba solo aunque lo pareciera. Para quienes le acompañaban, mejor solo. ¿Hubiera sido mucho pedir la presencia junto al Jefe del Estado del Presidente del Gobierno y no un ministro casi saliente?

Tras el Rey y cubriéndole la espalda, el silente Jaime Alfonsín, Jefe de su Casa y el rostro más desconocido y valioso de La Zarzuela.

En la imagen, se ve también al ayudante de jornada, militar por supuesto, firme el ademán ante los sones del Himno Nacional que apenas se oía.

Y también un tercero, de derecha a izquierda, en la presidencia, con los brazos cruzados y una satisfacción en el rostro ante el concierto de pitadas. ¿Se trataba de Urrutia?

Lo que más llamaba la atención en esta tribuna ¿real? eran los tres “armarios” que, de espaldas al campo y de cara al público, parecían vigilar al personal por lo que pudiera pasar. Como si ya no estuviera pasando nada.

A este periodista le llamó la atención que siete filas detrás de Felipe se encontraran unos jóvenes vascos manteniendo desplegada una gran pancarta blanca, con los siguientes términos en negro: “Euskal preso eta iheslariak Etxera”. Mucho más grave que los pitos.

Y otra gran pancarta con el lema “Jota ke irabazi arte” (Dale duro hasta vencer). La misma que ha empleado ETA como señal de identificación en sus comunicados. Sería absurdo ignorar la carga ofensiva y amenazante de estas pancartas cuya exhibición está prohibida.

Y mientras, ella tan feliz y contenta como si a él no le estuviera pasando nada.

“Lo único que no entiendo es por qué la reina desaparece cada vez que hay un lío”, se preguntaba David Gistau en el ABC de ayer. Y recordando a doña Sofía en Guernica en 1981, escribía: “Tal vez comencemos a ver cuáles son las diferencias entre una reina que apechuga y una it girl coronada”.