La dinastía de los Ortiz Rocasolano

La Primera Comunión de la niña Leonor -así han querido sus padres que se la llame- ha puesto de manifiesto, por un lado, la crisis de la Familia Real, la auténtica, la de los Borbón Grecia. Por otro, la consolidación de una nueva dinastía en la monarquía española: la de los Ortiz Rocasolano que, en esta ocasión, ha ganado por goleada.

Letizia es una de esas afortunadas jóvenes a las que, a su edad, le viven, todavía, dos abuelos, uno por parte de madre y la otra por parte de padre, que han tenido la inmensa y exclusiva suerte de ser testigos de ver como la nieta se casaba, en segundas nupcias, con un príncipe de verdad. Tal cosa solo sucede en los cuentos de hadas y Cenicienta.

Aquella boda unió, a nivel de familias políticas, a dos dinastías de estatus sociales bien desiguales. Mientras que la de los Borbón Grecia se ha ido deshaciendo como un azucarillo, la de los Ortiz Rocasolano se ha fortalecido en torno a la reina de la casa, nunca mejor dicho, como se ha visto esta semana en el pabellón real de La Zarzuela, donde Letizia manda todo.

Allí han sentado sus reales con todo derecho la familia de la consorte: abuelo, abuela, mamá, papá, la mujer de papá, la hermana, sobrinas y demás parientes.

Por su parte, los Borbón Grecia, ni a escondidas he de amarte. A pesar de los esfuerzos, una vez más, de mamá Sofía.

Se trata de una mujer que si ya no puede ser feliz, que no lo es, ha decidido consagrar su vida a la felicidad de su familia que ya no existe como tal. Por mucho que ella se empeñe, al menos, de puertas afuera. Posiblemente piensa que la felicidad se compone de desgracias evitadas. Aunque solo sea un día.

Cierto que esa presunta felicidad es de tapadillo, por culpa de la presencia no deseada de la Infanta Cristina, a escondidas de la curiosidad mediática, utilizando, incluso, a una niña, inocente víctima de la situación existente, por culpa de unos padres a los que ya no les salva ni el fiscal Horrach, el mejor defensor que nunca han tenido,  de pasar por las horcas caudinas del banquillo.

No solo como imputados, que haberlos haylos incluso en la dinastía feliz de los Ortiz Rocasolano, tres imputados tres, sino como procesados con petición de cárcel.

Cada vez que hablo de familia, empezando por la mía, recuerdo las palabras del gran Tolstoi cuando escribió: “Todas las familias felices se parecen; cada familia desdichada, lo es a su manera”.

Tal parece que se estaba refiriendo a los Borbón Grecia y a los Ortiz Rocasolano.