Un Rey antitaurino en los toros

No es que le haya entrado la afición de repente. No, ni mucho menos. Felipe está como los políticos de hoy, en campaña electoral y va a por todas. Incluso a los toros que no le gustan ni mucho ni poco ni nada. Como Enrique IV, seguramente pensará que el cargo bien vale una corrida.

Por ello, acudió solo a la madrileña plaza de Las Ventas para ocupar la misma barrera, en el tendido nº 1, que su padre. Le acompañaba el Jefe de su Casa, Jaime Alfonsín, que no es, precisamente, la alegría de la huerta.

La inefable consorte no lo hizo porque tampoco le gusta la Fiesta Nacional. Ella es ecologista y medio vegana. Solo aceptó acompañarle en una ocasión. Cierto es que todavía no se había casado. En vísperas de la boda todo sacrificio era poco para enganchar al príncipe de sus sueños. ¿Qué había que ir a los toros? Pues se iba. ¿Qué había que soportar a las cuñadas? Con la mejor de las sonrisas. ¿Los desaires del real suegro? Para eso era el rey. Pero ¿volver hoy a una plaza de toros? ¡Ni de coña!

Lo suyo son los conciertos de Bruce Springteen, The Killers y Los Planetas. A veces, el aburrido Alejandro Sanz. Incluso se le vio siguiendo el concierto de Els apoyada en la barra del bar, como diría “su amigo” Joaquín Sabina, de la sala Riviera, de Madrid. Como una indie.

Letizia pasa de la música clásica. Se puso de manifiesto en el XXV aniversario del nacimiento de la compañía de satélites Hispasat, celebrado con un gran concierto de la orquesta y coros Filarmonía, en el Teatro Real que, “sería presidido por Sus Majestades los Reyes de España”. Así figuraba en la invitación y en la agenda de la Casa Real.

A última hora, la “rebelde” consorte decidió no ir, plantando a su marido que tuvo que acudir solo. ¿Es que no hay nadie en la Casa que la obligue a cumplir con los compromisos? Pienso que nadie y el buenazo de su marido, menos que nadie.

Por todo esto y mucho más, sorprendió ver a Felipe en la barrera de la Plaza de toros, en la primera corrida de la madrileña Feria de San Isidro. Lo hizo, más que para apoyar a la fiesta taurina en medio del debate y los ataques de los antitaurinos y ecologistas coñazos, para ganarse a la afición.

En las conversaciones de José Luis de Vilallonga con don Juan Carlos, recogidas en el libro El Rey (Plaza y Janes, 1995) escribe: “No hace mucho, José Carlos Arévalo, el director de “6 toros 6”, me decía que si el príncipe de Asturias apareciera un día en una barrera de Las Ventas, como hace Vuestra Majestad, recibiría una formidable ovación del público madrileño”.

Ya lo sé – admitió don Juan Carlos — pero que quieres, si el príncipe no va, probablemente es para no disgustar a su madre.

Ignoro si las habrá disgustado, a ella y a Letizia, pero si es cierto que su presencia en la barrera despertó curiosa simpatía por la sorpresa y ciertos aplausos.

¿Conocía Felipe que las reformas para mitigar el sufrimiento de los caballos de los picadores se debió a la influencia de su bisabuela, la reina Victoria Eugenia?

En aquella época, las corridas eran bastante más sangrientas que lo son hoy. Sobre todo, en lo referente a los caballos que salían a la plaza totalmente desprotegidos frente al toro. Ella recordaba con espanto, como un toro destrozó, literalmente, a dos caballos bajo el palco real que ocupaba junto a su esposo, el rey Alfonso XIII. Lo calificó de holocausto sin emoción. Fue ella quien influyó en las autoridades para que los protegiera con los petos que llevan hoy.